—¿Eh? ¿Cómo? —intervino una ojiplática Eva ante la propuesta del hombre—. Vaya, ahora entiendo esa expresión de seriedad en tu rostro. Bien, compruebo que has apostado fuerte en este juego. Parece como una lucha entre las emociones y la razón, a ver quién de las dos gana un reñido pulso. […]