Aquella mañana de miércoles, el teléfono del despacho de Carlos de Salazar en Badajoz sonó… —Despacho del abogado Salazar, ¿diga? —Buenos días, Lola. Soy Alicia. Me gustaría hablar con mi hermano. ¿Es posible? —Ah, buenos días, señorita Alicia. Encantada de saludarle. Pues ahora mismo está ocupado con la visita de […]