—Alicia, abrázame, por favor. No necesito ahora una llamada ni una denuncia, sino tu cariño y tu compasión. Será mejor no complicar las cosas. Venga, vayamos al porche y sentémonos. Mira mi rostro, te lo ruego. ¿Ves mi sufrimiento? —Claro que lo veo. Jamás había contemplado unos ojos tan torturados. […]