Transcurridos unos minutos… —¡Ay, Dios mío! Que se me han hecho eternos estos minutos. Me tienes al borde del colapso. Anda, niña, siéntate y dame novedades. Recuerda, trazamos un plan ideal y quiero comprobar los resultados. Seguidamente, una nerviosa Rosario se llevó las manos a los ojos sin poder contener […]