—Ah, entonces, tú eres Alonso, el amigo de mi marido —expresó Sandra con una larga sonrisa en su rostro mientras que le ofrecía su mano en un gesto de confianza—. Anda, pasa, no te quedes ahí. —Sí, muchas gracias. —Oye, antes que nada y perdona por la pregunta, pero… ¿tú […]