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A eso de las trece horas, el teléfono sonó en el café Ágata… —Dígame. —Ah, eres tú, Elisa. Soy León. Por cierto, ¿todo bien con tu prima? —Ya sé que eres tú —contestó la camarera cambiando el tono de sus palabras—. Esa voz de conquistador que Dios te ha dado […]