SONIA Y LEÓN (84) Nueva cita

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A eso de las trece horas, el teléfono sonó en el café Ágata…

—Dígame.

—Ah, eres tú, Elisa. Soy León. Por cierto, ¿todo bien con tu prima?

—Ya sé que eres tú —contestó la camarera cambiando el tono de sus palabras—. Esa voz de conquistador que Dios te ha dado es imposible de olvidar. En cuanto a Julia, pues todo genial. Al menos, nos ha dado un descanso al resto y ha aprendido a gran velocidad las artes del oficio, que no son pocas. Tratar a cada cliente según sus gustos no es nada fácil. Bueno, no me enrollo. ¿Quieres hablar con tu enamorada? ¿No es así?

—Claro. Anda, pásamela, por favor.

—Vaaale… ya la aviso, guapo.

Segundos más tarde…

—Cuéntame, León. ¿Qué novedades hay?

—Pues te felicito, cariño. Has tenido suerte. El Delegado se apunta a una nueva «fiesta» el sábado por la tarde. ¿Qué te parece?

—Pero, ¿qué «fiesta»? Querrás decir reunión.

—Desde luego, dejémoslo en una reunión festiva, porque seguro que te lo vas a pasar bien.

—¿Qué ocurre? ¿Acaso tú no vas a compartir la felicidad de nuestro encuentro?

—Que sííí… He tenido esta mañana, al conversar con él, la impresión de que ese hombre se aburre un poco. A su edad, viudo y con dos hijos a muchos kilómetros de distancia, creo que disfruta de un excesivo tiempo libre. Este tipo de reuniones con gente más joven como nosotros le debe venir bien para distraer su mente.

—No seas malo, León, que te veo venir. Yo cambiaría esa interpretación por otra bien distinta. Ese señor se ha cruzado con dos personas que poseen una buena afinidad con él y desde su posición de estudioso o de experto, trata de ayudar en lo que puede. Yo, personalmente, estoy encantada con su invitación. Me parece un gesto de buena voluntad que alabo. Lo demás, resulta secundario. Por cierto, como no resta mucho, hazme caso y prepárate. ¿No querrás que tu jefe te vea desorientado, como alguien que ha perdido el tiempo y no ha profundizado en la materia?

—Ya verás cómo no. El fin de semana te lo demostraré, cariño. Se admiten apuestas.

—Mucho te arriesgas, pero acepto tu reto. En cualquier caso, estaré a tu lado para comprobarlo.

Aquel sábado por la tarde…

—Tal y como convenimos —expresó Sonia con un gesto de satisfacción—, hoy hemos sido nosotros los que nos encargamos de traer las viandas. Todo ya preparado y listo para servir. Así, nos podemos dedicar al debate de nuestros asuntos, que para mí, es la prioridad.

—Caramba, qué jovencita más previsora. Y qué práctica. Por cierto, recuerda lo que hablamos. Si os parece, nos tuteamos. ¿De acuerdo?

—Uy, pues sí, qué despistada, Hipólito; lo había olvidado por completo.

—A mí me costará un poco más de trabajo, pero me acostumbraré, jefe.

—Muy bien, jóvenes. Si habéis venido de nuevo a mi casa, es porque esa llama del interés aún sigue encendida en vuestra alma… Venga ¿quién empieza, entonces?

—Si no os importa, compañeros de camino, seré yo esta tarde quien abra la conversación. Con tu permiso, Hipólito, sacaré del bolso mi libro de notas.

—Bueno, querida, no dejas de sorprenderme. Veo que incluso has escrito resúmenes y tienes anotada preguntas. Lo sé por esos signos de interrogación que se repiten. ¿Me equivoco?

—Cierto. Son reflexiones que he apuntado aquí conforme avanzaba en la lectura de las páginas y me dejaba atrapar por el fenomenal descubrimiento que supone apartar las cortinas de la ignorancia.

—Bella metáfora —añadió el Delegado.

—Tan bella como que esas cortinas son tupidas y pesan, pero donde existe voluntad, los obstáculos se vencen.

—¿Ves, Sonia? Los espíritus no son solo inteligentes sino que además, poseen voluntad propia, por mucho que no dispongan de un cuerpo físico como el nuestro. En otras palabras y desde esta perspectiva, son como nosotros. Definitivamente, la muerte no altera su carácter ni su forma de ser.

—Exacto. Me he dado cuenta de ello. Hay una cuestión sobre la que se incide al principio de la obra y que siempre está presente: Dios existe. Sin embargo, se trata de un concepto fundamental que se explica a partir de la razón, nada que ver con los debates de la fe o sencillamente, irracionales. Se demuestra por la ley de causas y efectos. Él es la causa no causada, y a la vez, la causa de todo lo demás. Fíjate, todavía recuerdo esas aclaraciones de cuando estudiaba filosofía en el instituto y tocábamos el tema de Santo Tomás de Aquino.

…continuará…

4 comentarios en «SONIA Y LEÓN (84) Nueva cita»

  1. Mensagem inspiradora nesse maravilhoso encontro! Sonia entendeu que Deus é a fonte da realidade de tudo o que existe, da luz e da razão.

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—Desde luego, querida —respondió el Delegado—. Si lo que distingue al ser humano es su capacidad de razonamiento, ¿por qué no usar esa facultad para desentrañar los grandes enigmas de la existencia? —Por supuesto. Un Dios único, pleno de amor y misericordia, que nos crea sencillos e ignorantes y nos […]