—Pero, mujer, para un poco —expresó León con gesto de sorpresa—. ¿Qué te ocurre? ¿A qué viene esa obsesión con ese nombre? —Oye, cariño, disculpa, llevamos ya bastante tiempo juntos y… ¿aún no me conoces? —De acuerdo, pero es que no sé por qué no dejas de repetir ese nombre. […]