SONIA Y LEÓN (62) ¿Quién es Hipólito?

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—Pero, mujer, para un poco —expresó León con gesto de sorpresa—. ¿Qué te ocurre? ¿A qué viene esa obsesión con ese nombre?

—Oye, cariño, disculpa, llevamos ya bastante tiempo juntos y… ¿aún no me conoces?

—De acuerdo, pero es que no sé por qué no dejas de repetir ese nombre.

—Veamos, León, piensa un poco. Ayúdame a desentrañar este enigma. ¿Te suena alguien que se llame de ese modo? Intenta recordar, porque tengo la sensación de que se trata de un sujeto importante… para nosotros.

—La verdad es que ahora mismo no caigo. Lo siento, mi amor, pero no puedo colaborar con tu repentina intuición.

—Vaya, mi querido socio de aventuras, me estás fallando. Tú sabes que nada sucede por casualidad. Probemos otra opción…

Al momento, Sonia se acercó suavemente al rostro de su novio y le dio un beso sonoro en su mejilla derecha.

—Ja, ja, ya verás cómo esto te permite recordar. A veces, los gestos de cariño propician las más insólitas reacciones.

—¿Eh? —expresó el joven mientras que abría de par en par sus ojos—. Espera, que creo que tienes razón. No, no puede ser, sería absurdo. ¿Qué relación existiría entre él y nosotros? ¡Vaya tontería!

—¿Absurdo? No descartes nada, que a menudo, de lo más absurdo se extraen lecciones valiosas. Venga, ahora eres tú el que me tienes en tensión. ¿Quién es él?

—Pues respondiendo al nombre que pronunciaste antes, solo encajaría con una persona: mi jefe supremo.

—¿Tu jefe supremo? ¿Podrías ser algo más explícito?

—Pues claro. Estoy hablando del trabajo. Se trata de don Hipólito, el responsable de la Delegación de Hacienda en esta ciudad y por tanto, encargado de todos nosotros, es decir, de todos los funcionarios que estamos a sus órdenes. Al principio, no asocié nada con lo que decías, porque no me imaginaba ningún vínculo entre ese nombre y los asuntos laborales. Sin embargo, a decir verdad, es el único sujeto que conozco que responda a tu identificación.

—Muy bien. Me alegro de haber despertado en ti ese recuerdo. Te voy a hacer un encargo para mañana que conviene que cumplas.

León, extrañado por el tono impositivo de la joven, permaneció a la escucha de las indicaciones de su novia.

—Mira, te explico. Aún no sé de qué va este asunto. Supongo que me irán llegando más datos conforme pase más tiempo. Sin embargo, te voy a dar unas instrucciones claras para que se las comentes a tu jefe. Mañana, cuando estés en tu oficina, te dirigirás hacia su despacho y le entregarás el siguiente mensaje que ahora te digo.

—¿Mensaje? ¿Para el señor Delegado? ¿Qué misterio es este, Sonia? Y además, ¿qué tiene que ver él en todo este asunto?

—Mira, deberás preguntarle acerca de si él tiene alguna relación con los espíritus y con el más allá. Es imposible que se te olvide porque la cuestión no puede ser más sencilla.

—Un momento, mi amor, ¿acaso crees que estoy chiflado? Como comprenderás, no voy a llamar a su puerta y a colarme en su gran despacho de mandamás para efectuarle directamente esa pregunta. Antes de que me respondas, piensa en los efectos de esa acción. Quiero decir que lo lógico sería que me expulsase directamente de allí después de echarme una buena reprimenda. Y por supuesto, me comentaría que a Hacienda, uno va a trabajar, no a perder el tiempo con temas particulares que a él no le interesan.

—¡Ay, hombre de poca fe! Cómo se nota que aún desconoces el poder de las intuiciones y de todo aquello que me llega a la cabeza. Te disculpo porque sé quién eres y que tu mente funciona de una manera diferente a la mía, pero ¿no te das cuenta de que lo que te estoy diciendo es muy importante? Lo he oído, o mejor dicho, me lo han comentado, no para que lo ignore, sino para comunicártelo a ti, justo quien tiene relación con ese señor. Verás, no se trata de que invadas su despacho dando un golpe en la mesa para asustarle y que luego le interrogues. No, eso sería atentar a la razón. Existen muchas formas de expresar las cosas y tú deberás ser prudente en tu exposición, pero la pregunta es ineludible. Venga, deja de mirarme con esa cara de extrañeza y dime si me he explicado convenientemente.

A continuación, Sonia puso sus manos en los hombros de León, hasta llegar a zarandearlo, eso sí, con delicadeza, como queriendo que se concentrase en sus palabras.

—Oye, creo que no acabas de aceptar lo que te estoy exponiendo. No quiero que te lo tomes como una opción, sino como un encargo. A mí me lo han dicho, pero justamente para que tú seas el responsable de transmitirlo. Te animará saber que no te pasará nada. Si lo que temes son las consecuencias de tu proceder, ya puedes estar tranquilo. Disipa esa inquietud. La que te comenta esto la tienes delante ti, la estás viendo con tus propios ojos y, por tanto, es una persona de confianza, que te ama y que jamás te mandaría algo que pudiese ponerte en riesgo.

El joven, pasmado por la contundencia de la mujer, no pudo evitar sentirse presionado. En su interior, no estaba nada seguro de que su jefe no fuese a abroncarle si le hacía aquella extraña e indiscreta pregunta.

…continuará…

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SONIA Y LEÓN (63) La extraña pregunta

Jue Abr 15 , 2021
TwittearCompartirCompartirPin0 Compartir—Uf, me siento un poco confuso, Sonia. ¡Bueno, está bien! Por ser tú, haré lo que me pides. Sin embargo, si eso me supone un problema con el jefe, te pediré luego explicaciones. Creo que no se debe jugar con las cosas de comer. —León, ¿sabes lo que es […]