—Claro que sí —respondió con prontitud la propietaria del café Ágata—. Recuerdo perfectamente cómo no paraba de fumar. Y ¿por qué pregunta por él? —Sí, ahora que lo pienso, resulta usted inconfundible con ese pelo rizado tan llamativo. Me llamo María López y usted debe ser la señorita Sonia. A […]