HOMENAJE A KARDEC
De la penumbra buscó la entrada,
para así entender la realidad;
oyó en el alma la voz más bella:
la eterna sed de claridad
Hippolyte, paciente y sereno,
dio al misterio forma y razón;
hasta tender un puente etéreo
entre la duda y la intuición
Sembró preguntas, no un dogma,
prendió la luz donde hubo temor;
y aún hoy su firme doctrina,
invita al individuo a mirar mejor
En el silencio el alma escucha,
cuando la noche parece mayor,
una luz dulce, trémula y profunda
abre el camino a la fe interior
Hippolyte, con mano apacible,
miró más lejos del mundo fugaz;
y entre los velos de lo invisible
buscó consuelo, justicia y paz
Hizo del ser pregunta y destino,
hizo del dolor simiente de amor;
y en cada espíritu dejó un camino
hacia la Verdad del Creador
No fue la gloria su noble empeño,
ni el vano aplauso de la multitud;
fue descifrar, con rigor y con genio,
las hondas leyes de la inquietud
Hippolyte dirigió su atención
sobre el abismo de la condición,
y dio a la sombra, antes desatada,
orden y brillo de idea y reflexión
Su obra persiste, grave y erguida,
como una antorcha de rectitud;
pues dio a la muerte otra medida
y al pensamiento, su mayor virtud
2026 © José Manuel Fernández

