Ya en el zaguán, antes de que los criados la condujeran a la cámara preparada para su descanso, Verónica se volvió: —Monseñor… —El arzobispo alzó las cejas—. Si un día os detenéis en nuestra portería, no llaméis a trompeta. Llamad a la puerta pequeña. Os aguardará un puchero sencillo y […]