—¡Caramba con la desgraciada esta! —escupió fray Bernardo, apartando el hábito para que el cuerpo desmadejado de Concepción no le rozara—. Un poco más y se me cae encima. Ha perdido el sentido… y la razón. Es culpable de haberse entregado al demonio, es evidente. ¿Lo veis, Agustín? No hace […]