—Callad de una vez, desdichada; el Maligno se ha aposentado en vuestro cuerpo y, lo que es peor, gobierna vuestro pensamiento —tronó el fiscal con voz acerada, mientras una sonrisa torcida le ensombrecía el rostro—. Él os ha inflamado de soberbia y os ha hecho creeros por encima de vuestras […]