Por la tarde, restaban dos testimonios. La penúltima en comparecer fue la hermana Carmen. Fray Bernardo, con el hábito bien ceñido y la mirada firme, reanudó su oficio de acorralar verdades. —Mirad, hermana Carmen —prosiguió con temple—. En estas materias todo parece absurdo… hasta que el diablo asoma. Guardad el […]