Por la tarde solo restaban dos testimonios. La penúltima en ser llamada fue la hermana Carmen. Fray Bernardo, dueño de la estancia y del aire, se dispuso a desvelar la verdad con su método acostumbrado. El rasgueo de la pluma de fray Agustín ponía compás al silencio. —Acomodaos, hermana —indicó […]