—¡Señor Alonso o como Dios quiera que os llaméis! —dijo Juana elevando su voz a unos metros de la entrada mientras que esta quedaba franca—. ¿Puedo saber a qué se debe este escándalo en un sitio de paz? ¿Quién osa perturbar el silencio de este monasterio con modales tan impropios? […]