—Como bien ha dicho la madre, toda nuestra comarca está siendo azotada por una pavorosa plaga de peste. No será la primera ni la última vez que nos enfrentemos a ella. Tomaremos esta calamidad como una prueba de Dios Todopoderoso para ejercitar y mantener nuestra fe en Él. Pensad en una cosa: mientras que esto dure, el convento ha de quedar completamente aislado hasta que las autoridades nos comuniquen que la enfermedad ha remitido y, por tanto, nos podamos sentir más seguras. Hasta una fecha indeterminada, habremos de subsistir con lo que tenemos, que no es poco, pues la Virgen ha depositado en nosotras su inteligencia para que podamos aprovisionarnos durante un tiempo. Será duro, sin duda, pero si nos mantenemos unidas y serenas, lograremos superar este gran desafío. Nadie, absolutamente nadie, podrá entrar ni salir del monasterio. Somos monjas de clausura, pero eso no nos libra de nada, como ya se ha demostrado en otras épocas, donde la peste ha causado estragos entre estos muros de piedra. De todo lo que he leído en los libros de medicina y de lo que se sabe actualmente, podemos llegar a una conclusión esencial: la plaga se transmite por el contacto físico con la persona previamente contagiada, aunque también por las toses o las secreciones del cuerpo. Esto significa que, desde hoy mismo, será obligatorio mantener una distancia de seguridad evitando los toques o incluso los roces entre nosotras. No nos vamos a sentar juntas ni en los rezos ni en otros oficios o actos programados. A partir de esta misma tarde cualquier comida que se haga aquí lo será de una forma distinta para guardar el espacio preciso. Para ello, separaremos convenientemente las mesas y las sillas que utilizamos. Cualquier protección será poca. Ya sé que esto nos causará incomodo y tampoco podremos hablar demasiado cerca. Todo, con tal de que no se propague ningún contagio. Comeremos de lo que dispongamos, de los productos de nuestra huerta y de las frutas de nuestros árboles, así como de todo lo que está almacenado y bien conservado. En cuanto acabe esta reunión, realizaré un cálculo general para así racionar el consumo de las provisiones. Ninguna hermana va a pasar hambre, pero considerad que debemos ser frugales con los alimentos, sobre todo porque desconocemos la extensión temporal de este mal. Será la mejor manera de no dilapidar nuestros recursos para así sobrevivir. Roguemos la máxima ayuda a Dios y a la Virgen Inmaculada.

—Hermana Martina —interrumpió Verónica el discurso de la enfermera—. Por favor, os noto distraída. ¿Estáis aquí o en otro lugar? Os lo ruego, prestad vigilancia a todo cuanto nos comenta Concepción. Ella es la que más sabe de todo esto. Cuidado, porque nos jugamos la vida según cumplamos con sus recomendaciones.

—Disculpad, madre. Con tantas noticias malas, he dispersado mi atención sobre las palabras de la hermana.

—Bien; proseguid, Concepción.

—Como decía, la higiene es también fundamental. Se ha descubierto que la falta de la misma favorece el ataque de la plaga. Os pido encarecidamente que os aseéis con frecuencia. Gracias a Dios, nuestro pozo está lleno. Las lluvias abundantes de esta primavera han servido para ello. Por otra parte, y aunque este elemento no es definitivo, parece que la peste aminora sus efectos cuando el calor aprieta, un fenómeno que bien conocemos en esta tierra durante el verano. Eso quiere decir que conforme entremos en el estío y suban las temperaturas, más posibilidades existirán de derrotar a la enfermedad. La humedad que nos ha rodeado durante las últimas semanas, que más bien parece tiempo de otoño, cesará algún día y eso contribuirá a que la peste no se extienda aún más. Pues eso es todo, hermanas. Ahora mismo no se me ocurre ninguna indicación más. De haber novedades y con el consentimiento de la madre, os lo comunicaría de inmediato. Por favor, sed prudentes, lavaos a menudo, mantened la distancia prudencial y al primer síntoma extraño que notéis en vuestro estado de salud, avisad a la madre o acudid a mí, que tomaremos las disposiciones oportunas. Si tenéis alguna duda o aclaración que hacer, este es el momento idóneo. ¿Alguien desea preguntar algo?

Ninguna de las religiosas levantó su mano. Todas se quedaron como paralizadas y aprisionadas por el miedo ante las inquietantes noticias que habían recibido. Las caras y los gestos de preocupación resultaban ostensibles. Era como si las hermanas se hubiesen quedado atrapadas en el pensamiento de qué ocurriría en el convento si una de ellas presentase los síntomas de la enfermedad, lo que significaría que la peste habría penetrado a través de los gruesos muros de la construcción. ¿Qué efectos devastadores produciría aquella calamidad entre el grupo de las veinte mujeres que vivían en comunidad? Si antes se meditaba de costumbre y se empleaba mucho tiempo en el rezo, ahora la dedicación a la oración sería plena. Las monjas, de forma inconsciente, comenzaron a guardar entre ellas una distancia de seguridad de varios codos, como primera medida fácil de adoptar, aunque no estuviesen habituadas a ello.

—Pues muy bien, hermanas. Creo que, en estas circunstancias difíciles, no hace falta añadir más cosas —expresó la superiora—. Conservad la calma y por supuesto, la fe. Eso nos hará más fuertes y resistentes. Si somos dignas a los ojos de Dios, nada malo nos sucederá. Además de los rezos colectivos, cada una de nosotras habrá de aumentar sus plegarias para que estas sean oídas por el Todopoderoso. Y ahora, cada una a su labor. Antes de retirarnos cumpliendo con lo acordado, imploremos por la intercesión de nuestra Madre Inmaculada.

Pasadas las horas, a eso de la media noche, la hermana novicia Consolación se dirigió con paso ligero pero silencioso a la celda de Verónica. Tras llamar suavemente a la puerta…

—¿Sí? ¿Quién es?

—Soy yo, madre, la novicia Consolación. Perdonad por la hora tan inoportuna, pero… ¿podría hablar con su reverencia?

—Un momento, que no os veo bien. Encenderé una vela.

Tras unos segundos…

—¿Eh? Pero, ¿qué os ocurre, Consolación? A fe mía que tenéis mala cara. ¿Os ha sucedido algo?

…continuará…

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SOMBRAS DE DIOS (50) El pánico de la novicia

Sáb Jul 26 , 2025
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