—Bien, seamos sensatos —dijo el dominico, haciendo un leve ademán para que el verdugo se retirase a un rincón—. Fray Agustín, ¿estáis prevenido con la pluma? El secretario inclinó la cabeza, pluma en ristre sobre el papel. Bernardo, henchido de una seguridad casi gozosa, añadió: —Quiero saberlo todo. —¿Todo? —articuló […]