Al día siguiente, tras ser avisado a instancia de la superiora del convento, Alejandro Mendoza, médico de la casa de Nebrija, acudió al monasterio de las monjas. —¡Ay, mi niña! Pero… ¿qué perjuicio es este? —exclamó asustado el galeno al contemplarla—. No te reconozco, chiquilla. Ni que las energías te […]