EL PSICÓLOGO DEL MÁS ALLÁ (84) Necesito descansar

4

—Sí, está claro. Por cierto, Viktor, se me acaba de ocurrir una cosa. Y ¿no sería más fácil que «tocaras» la parte correspondiente del cerebro de mi esposa para que ella pudiera verme aunque solo fuese el rato que va a durar la visita? En ese caso, Sandra tendría la absoluta certeza de dos cosas: primero, que yo soy quien le habla y no alguien que no conoce de nada y que habla en mi nombre y segundo, al contemplarme con sus propios ojos, esa imagen jamás se le borraría del recuerdo. De mi hija no te comento nada. Es muy pequeña y no desearía implicarla en un asunto sobre el que no estoy seguro de cómo reaccionaría.

—Caramba, cómo te exprimes la cabeza. Se nota a distancia tu implicación por lo que va a suceder. Bien, todo lo que has dicho es comprensible. En ese caso, piensa que ni siquiera necesitaríamos al bueno de Alonso. Él te «debe» un favor, si queremos respetar el procedimiento. Todo ha de hacerse según estaba previsto, amigo. No puede extenderme en explicaciones, pero es que esa tarea, nada fácil, por cierto, está diseñada para que la lleve a cabo tu cliente y no otro. No podemos alterar los eslabones de la cadena. Tu compromiso consistía en cumplir tu misión con él, colaborar con su resurrección emocional y, por tanto, debe ser él quien te devuelva esa ayuda haciendo lo que tú y yo sabemos. Como comprenderás, es mejor no mudar esos planes.

—Vale, a estas alturas, no voy a discutir contigo. Supongo que hay fuerzas que se hallan incluso por encima de nuestras voluntades.

—Bien dicho, David. Todo se halla dispuesto en la existencia. La improvisación no es una característica organizativa del mundo espiritual. Hemos de respetar sus reglas de funcionamiento y como ya te revelé al poco de tu desaparición física, así estaba dispuesto para ti. No estoy siendo duro o inflexible con tu propuesta. Tus palabras tienen sentido, pero yo tengo unas órdenes que cumplir y contamos con un método para ello. Has de saber que lo que ocurra después del encuentro con tu familia, también está acordado. Todo sigue su orden, porque es bueno que así sea. Venga, no pongas esa cara de decepción; te diré una cosa. No es el momento de que tu mujer te vea, al menos con sus ojos. Eso la perjudicaría en sus actuales circunstancias, lo que no impedirá que pueda sentir tu presencia con su alma, esa parte de tu anatomía que ahora se muestra tan transparente como la luz.

—Tú eres el profesor, el que posee el conocimiento. Supongo que esa es la razón de que trabajes con los recién muertos, como yo. Ya nos conocemos. Por ese motivo, te respeto como espíritu y también respetaré tu criterio. Estoy convencido de que tu sabiduría te permite discernir lo que más nos conviene a ambas partes, a mi familia y a mí. Si lo consideras oportuno, voy a acercarme a la casa de Alonso para darle el teléfono de Sandra y que la llame el viernes. Además, tenemos que preparar el encuentro, no vaya a ser que ella desconfíe de él. Hay que dejarlo todo listo, allanar el camino para que Alonso pueda entrar en mi casa y yo con él. Después, si me lo permites, me gustaría que me llevases a ese apartamento o lo que sea, donde descansé profundamente aquellas noches. Ya sé que mi cansancio no es del sistema nervioso ni de los músculos. En cualquier caso, dormir unas horas me vendrá de maravilla y me permitirá estar preparado para lo que me espera. Me enfrento a una situación muy delicada y quiero estar despejado, Viktor.

—Por supuesto, amigo. Te entiendo perfectamente. Has trabajado duro, es normal que percibas ese agotamiento. Comparto tu opinión. Debes presentarte ante tu familia con las ideas claras. Por cierto, leo tu mente. Por favor, no te obsesiones con las preguntas que vas a hacer en tu encuentro; sabrás lo que decir y lo que preguntar. Cumple con tu cometido y luego, dirígete a ese piso de «socorro» y duerme como un bendito. Aquí no contamos con despertadores ni con servicio de alarma. El sábado, antes de que empiece tu particular «fiesta», yo te despertaré, de modo que puedas alcanzar ese deseo que tanto anhelas.

Aquel viernes por la tarde, una hora después del almuerzo, el teléfono de Sandra sonó. La mujer se sorprendió al desconocer la procedencia del número desde el que se estaba llamando. Por unos instantes, pensó en que se trataría de un aviso de publicidad y en que ella, normalmente, no atendía las llamadas de desconocidos. Sin embargo, pasados unos segundos, sintió en su interior la fuerza de la intuición, lo que la empujó a apretar la tecla verde de su móvil.

—¿Sí? Dígame.

—Buenas tardes, Sandra. ¿Cómo estás?

—¿Quién es, por favor? No me suena su voz…

—Disculpe, no me he presentado. Mi nombre es Alonso Álvarez y trabajaba en la misma clínica que su marido, David Sánchez.

—Ah, vale. La verdad es que no le conozco ni mi marido me habló de usted, aunque supongo que en ese edificio trabajaría mucha gente. Pero, una cosa… usted, ¿de qué conocía exactamente a mi marido?

—Discúlpeme, Sandra, creo que sería mejor que nos tuteásemos para sentirnos más cómodos. ¿Qué le parece?

—Bien, por mí no hay ningún problema. Por favor, ¿podías responder a mi pregunta de antes?

—Verás, tuvimos muchas oportunidades de charlar entre nosotros, de tomar algún que otro café, incluso de intercambiar experiencias profesionales.

—Bueno, si tú lo dices, será así. Perdona, pero es que no me suena nada tu nombre ni recuerdo que David me hablase de un compañero o amigo llamado Alonso. ¿Tú estuviste en el tanatorio?

—Ah, no. En esa fecha de noviembre me encontraba de viaje. Lamentablemente, no pude asistir. Estaba en un congreso por varios días, lejos de Madrid y me enteré de la noticia a mi vuelta. No sabes cuánto me entristecí por lo de su accidente de coche. Me quedé helado al saberlo… con su edad… no hubo palabras. Te aseguro que aquí, en la clínica, nos quedamos destrozados al conocer su fallecimiento. Ahora que podemos comunicarnos, solo puedo decirte: ¡cuánto lo siento!

…continuará…

4 comentarios en «EL PSICÓLOGO DEL MÁS ALLÁ (84) Necesito descansar»

  1. Não será fácil Alonso dialogar com Sandra, mesmo porque não se sabe como Sandra está vivendo, mas como o acaso não existe, aguardarei os próximos capítulos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Entrada siguiente

EL PSICÓLOGO DEL MÁS ALLÁ (85) La carta misteriosa

Mié Jul 6 , 2022
TwittearCompartirCompartirPin0 Compartir—Muchas gracias por el pésame. De todas formas, ¿llamabas por eso o por otros motivos? Es que como soy incapaz de ponerle cara a las antiguas amistades de mi marido, la verdad es que no sé ni cómo tienes mi teléfono. Debes entenderlo, eh… Alonso. —Sí, desde luego. Me […]