EL PSICÓLOGO DEL MÁS ALLÁ (82) Confidencias

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—Bueno, Alonso, coincidiendo con tu reflexión, yo también tengo algunos datos para revelarte. Al principio de encontrarnos, mi paciencia contigo estuvo a punto de romperse. Incluso observaba esta situación como ridícula. Era como pensar: «si alguien no pretende curarse, si una persona no quiere cambiar, ¿quién soy yo para convencerle de lo contrario?». Sin embargo, hubo un momento en el que me di cuenta de que, con perseverancia y humildad, las cosas podrían funcionar. Fue entonces cuando me ilusioné contigo.

—Pues menos mal que cambiaste de actitud. No sé cómo estaría hoy sin tu ayuda, sin ese estoicismo tan recurrente que desarrollaste conmigo. Soy el primero en reconocer que no he debido ser un cliente fácil.

—Prosigo con las confidencias. Después y conforme se fueron desenvolviendo los acontecimientos, olvidé mis dudas y me centré en este trabajo. Confieso que te fui cogiendo cariño y eso siempre resulta importante en cualquier relación terapéutica. Es una pena que no esté «vivo» para invitarte a comer, para hablar con Marina, para abrazar a tu hija. Ya me gustaría haberte conocido en vida y que pasases por mi consulta. Creo que habríamos mantenido una buena confianza fuera del ámbito profesional y por supuesto, te habría presentado a Sandra y a Paula. Quién sabe si nuestras mujeres y nuestras hijas se habrían hecho amigas… ¡Dios mío! Esto me ha hecho recordar la coyuntura en la que estoy. ¿Qué va a ser de mí, Alonso? Tengo miedo y estoy lleno de incertidumbres. Solo espero recibir algún tipo de ayuda para que las cosas me vayan bien.

—Seguro que sí, David. Gracias por tu valiosa sinceridad. En mi modesta opinión, has acumulado suficientes méritos para recibir ese apoyo que buscas. No entiendo mucho, pero todo lo que has hecho conmigo, tu sacrificio y tu esfuerzo, pudiendo haber renunciado a ello, tendrá unas consecuencias favorables para tus intereses. Si tú me has apoyado en mis momentos más difíciles, ¿por qué alguien no iba a hacer lo mismo contigo? No sé exactamente cuáles son las leyes de funcionamiento del más allá, de ese mundo en el que ahora te hallas, pero si se parece en algo a este, yo no tendría dudas. Hablando de justicia, no olvides que ahora soy yo el que debo actuar, o mejor dicho, el que debe devolverte el favor.

—Ciertamente, esa noticia es un consuelo para mí. No obstante, cuando hacíamos la terapia ni siquiera me acordaba de nuestro compromiso.

—Sí, no me extraña. Durante esa fase, te concentrabas tanto, que invertiste lo mejor de ti y de tus conocimientos para darle un empujón a mis ánimos y cambiarme el modo de pensar y de actuar.

—Me notaba en flujo, es decir, me sentía plenamente concentrado en lo que hacíamos.

—Por mi parte, llegado el momento, sé que me pondré nervioso y ya te digo desde este mismo instante, que reclamaré tu ayuda para que el proceso sea leve. Sé que estarás a mi lado, pero necesitaré tus consejos, tu guia, aunque sea la última vez que lo hagas. Yo no conozco a tu esposa de nada. Para ella seré solamente un extraño que se entromete en su vida. No sé de su carácter ni de su posible reacción; de ahí que te esté pidiendo tu apoyo. No quiero que caiga en la desconfianza hacia mí, un extraño que aparece de repente en su mundo y que me dé con la puerta en las narices o en el peor de los casos, que llame a la policía para denunciarme por un acoso cruel. Ya te lo advertí y espero que seas consciente de ello. No niego la dificultad de mi misión: sin embargo, con tu ayuda, yo seré tu correa de trasmisión; tendré que ser muy sutil para que ella se muestre receptiva.

—Por supuesto, amigo. Tienes mucha razón. Esta es mi gran oportunidad y he de aprovecharla. Anhelo que mi despedida de los dos seres que más amo resulte positiva para así llevarme un grato recuerdo. Quiero demostrarles que su marido y su papá no ha muerto y que siempre vivirá en sus corazones. Solo Dios sabe si volveré a verlas, por eso trataré de ser lo más efectivo posible, para que ellas te acojan y se puedan comunicar conmigo a través de ti.

—Tus intenciones demuestran lo buena persona que eres, David. Te mereces hablar con esas dos personas que tanto significan para ti.

—Gracias. De todas formas, antes de que fijemos una fecha, necesito un tiempo para conversar con un amigo. He de consultar esta decisión y ultimar los preparativos con un profesor que me ha acompañado a lo largo de todo este proceso. Estoy hablando de otro espíritu, de un ser iluminado que me ha guiado en medio de tanta oscuridad y desazón. Aunque te parezca increíble, fue él quien me sugirió realizar esta labor contigo. Parece un bucle; él me ha ayudado a mí para que yo te ayudase a ti. ¡Qué hermoso y qué equilibrio más grande percibo en todo esto! Bien, ahora y si no tienes más dudas, me voy a retirar a meditar. Vendré por ti en cuanto tenga el permiso adecuado. Después, alcanzaremos un acuerdo para ver qué día vamos por mi antigua casa.

—Claro que sí, David. Lo haremos como tú digas. Permíteme que te ofrezca mi mano como gesto sincero de amistad y de toda la admiración que siento hacia tu persona. Tú ya no tendrás carne ni huesos, pero como ser espiritual, has demostrado tu categoría y tu disposición hacia el bien. Jamás te lo podré pagar. Mi agradecimiento será eterno.

Aquellas dos entidades, emocionadas cada una a su manera, se despidieron temporalmente con un gran abrazo, un gesto que las vincularía más allá del tiempo, más allá de los escenarios que les tocase vivir.

Más tarde…

—Buenas tardes, señor psicólogo. ¿Cómo estás? Tu fijación por este Parque del Retiro no me parece preocupante sino justo lo contrario. Hasta a mí me gusta acudir a este vergel entre tanto ladrillo y ruido. Como ves, yo también vengo aquí a descansar un rato tras cumplir mis obligaciones con los habitantes de esta gran ciudad.

…continuará…

4 comentarios en «EL PSICÓLOGO DEL MÁS ALLÁ (82) Confidencias»

  1. Cuan Grande La Satisfaccion del deber cumplido! Ahora crece la expectativa ante el encuentro de Alonso y la esposa de David!..qué habrá pasado con ellas? no puedeser mucho sinoeltiempo que ha durado la terapia de Alonso, supongo

  2. A gratidão é uma das maiores qualidades do ser humano, mesmo porque precisamos sempre da ajuda de outras pessoas.

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TwittearCompartirCompartirPin0 Compartir—Ah, qué grata sorpresa, Viktor. Me alegro que estemos de acuerdo al opinar sobre este maravilloso parque. —Como leo tus pensamientos y una vez superada tu prueba con tu paciente, supongo que estarás deseando hablar de una actividad que queda pendiente de resolver. ¿No es así, mi buen alumno? […]