EL PSICÓLOGO DEL MÁS ALLÁ (74) La gran decisión

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—Dios mío, te escucho y no puedo sentirme más orgullosa de ti. Es como si por arte de magia hubiésemos vuelto a nuestros orígenes, a la época en que nos conocimos, cuando tú y yo, felices y jóvenes, nos creíamos los reyes de Madrid, a pesar de los problemas que nos esperaban. Estas lágrimas son para mí una bendición. Doy gracias al cielo por esta invitación, este almuerzo y esta charla.

—Di que sí, Marina. Sin embargo, te diré algo: que la euforia del momento no te haga olvidar una cosa importante. Aquí no se han producido ni trucos ni magia. Ha habido un trabajo interior intenso que he preferido realizar con total discreción, porque no estaba seguro de poder llevarlo a cabo ni de afianzarlo. Por si acaso, no toquemos aún las campanas de la victoria.

—Sí, cariño, soy consciente de que esta labor de transformación aún no ha acabado.

—Falta mucho, es cierto, pero noto por dentro que me hallo en el buen camino. Lo esencial era romper con la deriva por la que navegaba, darme cuenta de que no podía continuar así, arrastrándome ante mi familia y dejándome llevar por la pasividad más indiferente. Romper eso resultaba fundamental para garantizar un cambio. He alterado el rumbo de mi nave; de eso, me siento contento y muy satisfecho. Además, les estaba causando un serio perjuicio a las dos mujeres de mi casa, que bastante tenían con soportar los vaivenes anímicos y la ansiedad de un padre y de un esposo. Mi buena Marina, he decidido mirar hacia mi interior con aplomo, con la seguridad de quien sabe que ha llegado el instante crucial de su propia trasformación. Aunque no hayas sido consciente, he dialogado horas y horas en soledad, hasta que tomé la decisión de poner en práctica todo aquello que me decía a mí mismo y que sabía que era bueno para mí. Ahí lo tienes.

—Uf, qué alegría de compartir contigo estos momentos…

—Interactúo con los padres de esos niños que están en la escuela con total normalidad, en vez de permanecer en el coche refugiado como un cobarde que huía de sus propios miedos. Le he plantado cara a mi familia, no por hacerles daño o por devolverles los golpes recibidos, solo por el deseo de normalizar una relación de años en la que no me sentía bien y que estaba dominada por las humillaciones, el ninguneo y la falta de respeto a mi persona. Está claro que mi destino era y es otro, no seguir las carreras profesionales de mis hermanos ni participar del negocio de las farmacéuticas. Tampoco me he casado con la mujer más adinerada del planeta, pero es que tú ya eras rica desde mucho antes, es decir, en afecto, en compasión, en empatía y no sigo porque no habría palabras en el diccionario para demostrarte lo agradecido que te estoy. Yo sé que tú lo sabes, pero a los héroes, en este caso a la heroína, también hay que hacerles demostraciones en público de esa admiración que siempre te he tenido.

—Caramba, creo que desde que la niña vino al mundo —expresó la enfermera cargada de emoción—, este es el día más importante de nuestras vidas. Lo que no dejaba de ser una sospecha se está convirtiendo ahora en un proyecto de realidad. Por ese miedo a arriesgarme en exceso y por ese temor a un falso optimismo, no me he atrevido en estos días a comentarte nada, no fuera a ser que todo se limitase a un sueño de mi imaginación. Y sin embargo, mi amor, ahora lo constato, porque estoy plenamente segura de lo que voy a afirmar. Has firmado un compromiso con la dignidad, una alianza con una vida plena, donde puedas ser tú mismo, auténtico y con libertad para guiar tu destino. Ay, Alonso, si supieras lo dichosa que me siento por ti, por la niña, por mí… Efectivamente, existe un antes y un después de esta jornada. Vamos a ser prudentes, pero lo que no voy es a esconder son mis ganas de vivir y de compartir esa vida con el hombre y la niña a los que más amo.

—Mira que no quiero añadir más leña a este fuego de la victoria que nos invade, pero tal vez haya llegado el momento de plantearme ciertas cosas.

—Uy, Alonso, habla, porque por tu mirada, me parece que el corazón se me va a salir del pecho. Creo que aún tengo energía para escuchar lo que tengas que decir…

—Gracias por tu confianza. La necesito. Presta atención a mi pregunta. ¿Qué te parecería si retomara mi antiguo plan, ese que dice que con disciplina y perseverancia podría aprobar las oposiciones y llegar a ser maestro en Madrid?

—¡Venga ya, mi amor! —gritó con tono de excitación la mujer—. Me dejas sin palabras. ¿De veras que serías capaz de reemprender ese desafío?

—Hoy, cariño, si me metieses en un cohete, viajaría hasta la mismísima luna. Por vosotras y por mí mismo, haría cualquier cosa. Necesito demostrar que soy capaz de superar cualquier reto, que no soy persona de dejar las cosas a medias. Sé que todo esto puede sonar horrible por lo que ocurrió a los pocos meses de empezar a estudiar la última vez, pero… ¿sabes qué? ¿Dónde está el problema en apuntarme de nuevo a la academia? ¿Dónde está el impedimento para sacar los apuntes del cajón de mi mesa y empezar a estudiar las horas que resulten necesarias?

—Bueno, con sinceridad, no veo ningún obstáculo para hacer eso si tú estás convencido de ello. Como antes decías, es tu decisión, solo a ti te compete. Yo, por mi parte, al igual que nuestra pequeña, lo único que haremos será apoyarte hasta el fin. Y es que tu felicidad será la nuestra y yo, ya te veo encerrado en tu cuarto repasando el temario una y otra vez hasta que llegue la fecha de los exámenes. Y ¿sabes qué? Que soy ahora mismo la mujer feliz de la Tierra. Te diré la verdad: estoy delante de alguien que ha resucitado, que ha vivido en las cavernas más oscuras, entre sombras, y que, con un golpe de autoridad, ha decidido cambiar de trayecto para seguir una ruta de prosperidad, donde pase lo que pase, tú estarás bien porque habrás sido coherente con tus valores y no con lo que los demás esperan de ti. Esa es la clave, Alonso, tal y como dijiste antes. Sé tú mismo, conmigo y con nuestra hija. Los tres juntos, unidos como la familia que somos.

…continuará…

2 comentarios en «EL PSICÓLOGO DEL MÁS ALLÁ (74) La gran decisión»

  1. Belíssimo capitulo. É gratificante observar o crescimento de Alonso e a felicidade de Marina, ou seja, uma família feliz.

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