EL PSICÓLOGO DEL MÁS ALLÁ (73) La mejor conversación

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—¿Ves, mi amor? ¿Te estás escuchando? Hasta tu lenguaje me suena diferente, Alonso. Mira, no quisiera caer en un falso optimismo, pero, por tus opiniones, por tu forma de mirarnos, tanto a la niña como a mí, por tu forma de caminar o incluso por la forma en que recibes a tus alumnos o cómo no, por tu forma de interactuar con los padres de las compañeras de clase de Marina… aquí hay algo que está cambiando. No voy a seguir porque, a menudo, basta que una afirme que algo ha mejorado para fastidiarlo todo. Sin embargo, no puedo quitarme de la cabeza la idea de que quizá el doctor haya acertado de pleno con las últimas modificaciones en la medicación o tal vez se trate del modo distinto en el que te estás tomando las cosas últimamente. Yo que sé, no dispongo de respuestas para todo, pero hoy y aquí, levanto mi copa y proclamo un solemne ¡aleluya por ti, aleluya por nosotros!

—Yo también me sumo a tu alegría. ¡Que Dios te bendiga! No quiero ni imaginar lo que habría sido de mi vida sin tu presencia.

—Es una ocasión mágica, sin duda. Anda, acércate y dame un beso. Puede que estemos ante una nueva etapa, un tiempo en el que te olvides de esos fantasmas del pasado que te atenazaban. Dios mío, lo siento, pero es que soy así y necesito explicaciones. Si no, no me siento satisfecha. Con el corazón en la mano, ¿qué ha pasado, Alonso? ¿Existe algún elemento concreto que haya provocado este cambio de perspectiva, esta felicidad súbita que circula en mis adentros con tan solo fijarme en tus ojos?

—Hum… —expresó de manera dubitativa el maestro—. Creo que todo obedece a un proceso lógico. Trataré de aclararlo. Cuando la niña me contó aquella conversación que había oído entre los padres que esperaban a recoger a sus hijos y en la que vertían sus críticas hacia mí, aquello fue como un aguijón que se me clavó en la piel. Por una parte, sufrí un enorme dolor en mi interior, una piedra más en mi mochila repleta de fracasos; sin embargo, hubo otro factor mucho más adaptativo que compensó esa rabia que sentí.

—Creo que sé por dónde vas, mi amor —expresó la mujer mientras que apretaba las manos de su marido.

—Como te contaba, a raíz de aquel lamentable hecho, escuché una voz diáfana en la conciencia que me dijo: «reacciona, Alonso, aún estás a tiempo de cambiar». Ese mensaje resultó definitivo para armarme de valor y de ganas. Luego, como ya lo hemos comentado muchas veces, está el tema de mi familia, todo ese conjunto de relaciones desastrosas y que tanto daño me han hecho a lo largo de mi historia. Todos esos antecedentes de humillaciones y presiones que han dejado mi autoestima por los suelos y que me han convertido en un ser pasivo sin capacidad para caminar en busca de mis objetivos.

—Tan cierto como la vida misma, mi amor.

—Mira, esa conversación entre padres ridiculizándome y esa comida familiar y accidentada donde di un puñetazo en la mesa y grité ¡basta!, han sido los verdaderos acicates, el punto de inflexión que necesitaba para alterar mi rumbo, para dar un volantazo al curso de mi existencia. Aunque tú me vieras tranquilo estas semanas, por dentro no dejaba de darle vueltas a este asunto; se estaba gestando una rebelión contra mi destino, un deseo intenso por alterar mi ruta.

—Entonces y con todo eso que has estado pensando, ¿cuál sería tu conclusión, Alonso?

—Que voy a hacer todo lo posible por liberarme de esa pesada carga que me tenía paralizado, temeroso ante un mañana incierto, bloqueado. No voy a permitir que sean las circunstancias las que decidan por mí, sino que voy a poner orden y ser yo el que tome las decisiones. Me cansé de interpretar el papel de veleta, que gira según los aires que soplan y que nunca se mueve por sí misma, sino por donde le marca el viento. Quiero ganarme la libertad de existir, merecer mi libre albedrío, ser digno de vivir. Marina, ya sabes que no estudié derecho, pero me he empeñado en ser mi propio juez, el que recorre un camino por su propia voluntad, y no porque los demás le marquen la ruta.

—Me emocionas como nunca, Alonso —expresó Marina mientras que unas lágrimas se deslizaban lentamente por sus mejillas.

—He aquí mi reflexión. Siempre llega ese instante supremo en el que una persona decide rehacerse, trazar una raya en el suelo y traspasarla para mirar de frente con otros ojos. Se acabó la tiranía del tener que agradar, de buscar el consentimiento, de plegarse a los deseos ajenos. Mi vida no puede ser una constante búsqueda de aprobación ni una conquista de una falsa seguridad solo si los demás me sonríen y me dan su beneplácito. A partir de ahora, al que le gusten mis valores, mis actitudes o mi comportamiento, pues muchas felicidades y al que no, pues que se aparte. Que cada cual realice su propio camino seguro de sus convicciones. Y si me equivoco, porque nadie es perfecto, pues rectifico y punto. ¿Habrá algo más bonito que el derecho a cometer errores? Uno no puede ser eficaz en todo lo que hace ni acertar en todas sus decisiones. Dios mío, eso sería aburridísimo. Por eso tenía tantas ganas de invitarte a esta maravillosa comida, para revelarte mis secretos y mis nuevos anhelos que marcan un antes y un después. Mi intuición está clara, Marina, no porque se base en fantasías o en sueños irreales, sino porque se sustenta en argumentos de peso. Con esta nueva meta de crecimiento, los tres viviremos de un modo diferente, con ansias de plenitud. Qué bien celebrar esta fecha tan luminosa con una buena comida en la mejor de las compañías. ¿No te parece, mi amor?

Marina no daba crédito ante el torrente de palabras que salían de la boca y del alma de su esposo. Habían transcurrido muchos días de tristeza en su matrimonio, de grises jornadas de desesperación marcados por las crisis de angustia y por la incapacidad para reconducir una trayectoria tambaleante, excepto por la luminosa jornada en la que la pequeña Marina vino al mundo. Mientras que contemplaba el rostro de Alonso, ella solo pudo llevar discretamente la servilleta hasta sus ojos para secar las mejores lágrimas de su vida, la de unos ojos verdes, infinitos y vidriosos que brillaban de radiante felicidad.

…continuará…

4 comentarios en «EL PSICÓLOGO DEL MÁS ALLÁ (73) La mejor conversación»

  1. Que buen Renacer y cuanta alegría para las dos marinas!! Cuan afortunado Alonso de haber tenido esta oportunidad!

    1. Resultó un momento muy bonito, el de dar un paso adelante en tu vida en compañía de tu esposa, con un porvenir lleno de nuevos desafíos. Besos, Mora.

  2. Que maravilha a ajuda de David a Alonso! A Espiritualidade é magnífica, basta crer e confiar.

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Sáb May 28 , 2022
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