EL PSICÓLOGO DEL MÁS ALLÁ (72) Rebelión en la mesa

4

—Eso es cierto, Alonso. Y no sabes lo contenta que estoy. Ya te digo, me asusté en ese instante, pero ahora parece que la situación se ha relajado. Oye, mírame a los ojos, que nos conocemos; ¿me estás ocultando algún tipo de información, alguna noticia novedosa? ¿Verdad que no, mi amor? Recuerda que soy tu mujer, tu mejor apoyo, tu más firme defensa desde aquel día en el que nos cruzamos las miradas. Es por eso por lo que debo estar al corriente de cualquier alteración que se produzca con respecto a tu estado de salud.

—Te lo agradezco de todo corazón, Marina. Dicen que todos llegamos al mundo con un ángel guardián que nos aconseja y guía, sobre todo en época de dificultades. Parecerá extraño, pero te aseguro que yo tengo dos y uno de ellos lo tengo ahora mismo delante de mí y tiene un rostro femenino que no puede ser más bello.

—Gracias. ¡Qué cosas más bonitas dices, Alonso! Debe ser que esa vena de poeta que mostrabas cuando nos enamoramos aún no ha muerto, pese a las complicaciones.

—Sí, quién sabe. Tal vez esté esperando un poco más para sacarla a relucir de nuevo. Si todo mejora, te escribiré un poema de amor.

—Muy bien. Pues eso, sin ánimo de ser pesada, quiero que sepas que yo te noto cambiado. O quizá sea la situación, el ambiente favorable de la tarde, porque la verdad, echaba de menos disponer de un momento de intimidad contigo, como está sucediendo hoy.

—Y ¿en qué te basas para apreciar ese cambio? Tengo curiosidad por conocer tu opinión.

—Pues está muy claro. Te veo como más alegre, más animado. Creo que incluso tu grupo de alumnos se ha dado cuenta de eso. Ja, ja, bravo por esa sonrisa, Alonso. Por ejemplo, hay dos cosas que me llaman poderosamente la atención.

—Tú dirás, Marina.

—¿Sabes que la niña me ha comentado, que desde hace unos días ya no te limitas a esperarla en el coche hasta que ella sale de la escuela? Ella me ha confesado que su papá, y esto constituye una gran novedad, se dirige ahora adonde están los otros padres y que incluso te ha sorprendido manteniendo una charla amigable con algunos de ellos con toda normalidad.

—Interesante…

—No me negarás que esa noticia es del todo positiva.

—Puede que sí.

—Espera, que aún no he terminado. Con respecto al segundo asunto, no hacía falta que me lo contase nadie, porque yo misma fui testigo de aquella película. En fin, no tengo que recordarte nada porque tú fuiste el personaje principal de aquel filme. Al contrario de otras escenas, esta vez te rebelaste en ese tipo de comidas que organiza el farmacéutico-empresario cuando le viene en gana, el todopoderoso jefe del clan de los Álvarez., es decir, tu padre.

—Anda, pues es verdad. Al principio, no sabía ni a lo que te estabas refiriendo.

—Mi amor, llevas años sometiéndote a esa gran humillación periódica que suponen los almuerzos de fin de semana en el domicilio de mi «admirado» suegro. Te has tragado sapos y culebras, exponiéndote al desprecio y a la burla de los miembros de tu propia familia. Te has bebido litros de rabia por no querer enfrentarte a ellos. Y yo lo comprendo, son los tuyos, llevas su sangre. A Dios gracias, yo nunca he tenido que pasar con los míos por ese tipo de experiencia tan amarga e incapacitante que genera tanta tensión. Sin embargo, ya te digo: el otro fin de semana algo pasó, porque por fin, diste un puñetazo en la mesa y sin tener que pronunciarlo, les lanzaste a sus caras un mensaje rotundo y claro: «hasta aquí hemos llegado, señores. No habrá más ocasiones de vejación».

—En efecto, has recreado a la perfección la escena más importante de mi última actuación en la larga película que supone el drama con mi familia. Fue una secuencia agitada, pero al mismo tiempo, liberadora.

—Yo, aún hoy, sigo preguntándome por lo que te pudo ocurrir ese sábado. ¡Quién sabe si no fue tu propio ángel el que te dio ánimos para que te desahogaras! Tal vez exista para ti un antes y un después de esa comida. Ese acto de rebelión no estaba escrito en el guion, lo que lo hace esencial. ¡Abajo con la tiranía del director! Te cansaste de tu papel, siempre pasivo y sufridor. Lo bueno es que trazaste una línea clara, una frontera que ni siquiera ellos mismos se atreverán a traspasar. Esto lo digo por tus padres y por la mala copia de ellos que resultan ser tus tres hermanos.

—Tú eres ahora la crítica de cine, aunque esto no es ficción sino realidad.

—En fin, no quiero meterme en las profundidades de los tuyos, pero el color de su actitud no podía ser más oscuro. Ya lo hemos comentado en el pasado, ¿verdad, cariño? Tú, un sujeto pasivo frente a sus abusos, herido por sus críticas ácidas, vapuleado por sus miradas de superioridad, como si fueras un ser extraño y hasta ajeno a sus valores, donde discrepar de la opinión única y válida supone un grave acto de traición. ¿Entiendes ahora por qué tu actuación de aquel día me pareció inolvidable? Como diría cualquier psicoanalista, rompiste con tu complejo de Edipo y sin derramar una gota de sangre, mataste a tu padre y a cuantos le apoyaban. Bendito golpe de Estado que te permitió proclamar la independencia de tu nueva república, la de Alonso Álvarez. Fíjate, un hombre ninguneado por los suyos supo librar la batalla más importante de su vida. ¿Eh? Pero, ¿qué son esas lágrimas? Este arroz está «al dente», pero tampoco es para llorar, cariño.

—Ja, ja, muy buena tu broma. Me recuerdas a alguien. Perdona por haberme emocionado, pero estas lágrimas no tienen nada que ver con el plato que hemos pedido, sino con la alegría que he sentido escuchando tu relato. Quizá haya tardado mucho en decidirme, incluso haya tenido una paciencia enfermiza con los míos, pero hay cosas que cuando suceden, te conducen a otro tipo de metas. Lo primero era desatar esa cuerda gruesa que apretaba mi pecho, que no me permitía respirar bien y lo siguiente, será redirigir mi vida hacia otros fines más sanos que son los nuestros como pareja. Quiero definir mis propios objetivos con racionalidad y compartirlos contigo. ¿Qué te parece, Marina?

…continuará…

4 comentarios en «EL PSICÓLOGO DEL MÁS ALLÁ (72) Rebelión en la mesa»

  1. Maravilha observar Alonso conversando com a esposa. Ele mudou e está disposto a novas mudanças.
    A Terapia com David está sendo positiva. Ótimo.

  2. Que buenos analisis retrospectivos hace esta pareja de Alonso y Marina! se notan los progresos que hace Alonso. que buen psicologo que es David!!! Se pone Demasiado buena La Novela!

    1. David solamente le ha ayudado a «recuperar» esa memoria, pero contemplándola desde otra perspectiva más constructiva. Besos, Mora.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Entrada siguiente

EL PSICÓLOGO DEL MÁS ALLÁ (73) La mejor conversación

Mié May 25 , 2022
TwittearCompartirCompartirPin0 Compartir—¿Ves, mi amor? ¿Te estás escuchando? Hasta tu lenguaje me suena diferente, Alonso. Mira, no quisiera caer en un falso optimismo, pero, por tus opiniones, por tu forma de mirarnos, tanto a la niña como a mí, por tu forma de caminar o incluso por la forma en que […]