EL PSICÓLOGO DEL MÁS ALLÁ (60) ¿Misión imposible?

5

—Si te sirve de ejemplo, a lo largo de mis años como profesional, he tratado casos como el tuyo y ni siquiera estoy siendo optimista, sino realista. Cuando las personas trabajan sus pensamientos y se hacen conscientes de su importancia, la vida cambia, porque antes ha cambiado tu cabeza. Los datos están ahí, para sacar conclusiones de cara a tu curación. No he tenido ni un solo cliente, que habiendo hecho un esfuerzo, no haya desarrollado una considerable mejoría. Soy un profundo admirador del profesor Ellis y de la filosofía estoica, pero no por una pasión irracional, sino porque esta terapia funciona, porque he visto resultados ilusionantes y he comprobado cómo mis pacientes volvían a reír y cómo la vida les sonreía de nuevo. ¿Existirá una mayor satisfacción que esa, Dios mío?

—En cualquier caso, deduzco que lo mío llevará un tiempo. Son muchos años soportando esta campaña de acoso y de pensar en negativo como para transformarme en un día.

—Claro. Todo lleva su ritmo, pero te aseguro que, con voluntad, los plazos de mejora pueden adelantarse notablemente. Si todo resultase tan sencillo, tan inmediato, las consultas de los psicólogos estarían vacías y ellos, tendrían que vivir de otras labores…

—Je, je, es cierto, David. Si no hubiese enfermos, ¡para qué tendrían que existir los médicos! Lo mismo ocurre con vosotros y las mentes de vuestros clientes.

—Así es. En fin, por hoy, es suficiente. Te adelanto lo que trabajaremos en nuestra próxima sesión. Distinguiremos bien entre los pensamientos racionales y los irracionales, entre los más adaptativos y los inconvenientes para ti y ensayaremos técnicas para transformarlos.

—Perfecto. No sabes lo agradecido que te estoy. Sin exagerar, pero no me quiero quedar corto con tu labor: aunque ya hemos cogido confianza entre nosotros, jamás hubiese imaginado que un «muerto» me fuese a ayudar tanto.

—Hum, me tomaré eso como un elogio. No hace falta que me recuerdes mi actual estado ni mis circunstancias.

—Espero que no te molestes. Después de todo, esta coyuntura parece extraída de un libro de ciencia-ficción y sin embargo, está sucediendo de verdad. No sé si algún día podré compartir este relato con otra persona, aunque sea de confianza. Tal vez me tomase por un loco.

—A su debido tiempo y cuando yo ya no esté por aquí, toma esa decisión por ti mismo. Dispondrás de tu propio juicio de valor una vez que hayamos acabado. Por cierto, he de mandarte deberes, como tú haces con tu grupito de alumnos. ¿Vale?

—Ah, claro; yo estoy a tu disposición. Acepto tus condiciones, psicólogo.

—Me temo que no dispones de otra opción si, de verdad, pretendes mejorar. Venga, no seas quejica a estas alturas. Piensa que lo no se practica se pierde, o simplemente, se olvida. Yo sé que quieres con locura a tus dos Marinas. No cabe discusión.

—Por supuesto. Ya te dije que esas dos mujeres son mis dos ángeles. Es más: dan sentido a mi vida. Sin ellas, un día de estos ya me habría lanzado desde la azotea hasta el asfalto.

—Caramba, pues sí que te has ido hacia el extremo. Sin embargo, te voy a pedir otra cosa.

—Vale, pues dime cuáles son mis deberes hasta nuestro próximo encuentro. Quiero despedirme de ti amistosamente.

—Esta tarde, supongo que tendrás que recoger a tu niña del colegio. ¿Correcto?

—Sí, claro. Es lo que hago casi todos los días.

—Ya; sin embargo, esta vez tendrás que hacer algo diferente. Ese será mi encargo.

—Tú dirás…

—Quiero que vayas un buen rato antes a la entrada de la escuela, que seas de los primeros padres en llegar. La tarea consistirá en que conforme vayan acercándose el resto de padres… te muestres especialmente activo y parlanchín.

—¿Eh? ¿Cómo dices, David? ¿Adónde pretendes llegar con ese jueguecito?

—¿No te lo imaginas? ¿Acaso ya te has olvidado de todo el material con el que nos hemos ejercitado en la sesión de hoy? Venga, no te hagas el ofendido ni el inocente a esta altura de la película. Eres un adulto que estás aprendiendo a desarrollar nuevas habilidades. Tu reto es duro, nadie lo niega, pero te proporcionará tanta satisfacción, que luego notarás que ha merecido la pena.

—No sé si te estás pasando de la raya, psicólogo.

—Mira, si te sientas a ver una película en vez de hacer lo que te digo, si te abandonas a la pasividad, como hacías antes, tu decepción será brutal. Me da igual quien sea, mujer u hombre, madre o padre. Es más, si es posible, me gustaría que fuesen esos caballeros que el otro día hablaban tan «afablemente» de ti. Lo recuerdas ¿verdad?

—Disculpa por mi expresión, David, pero creo que me estás puteando. ¿No es cierto?

—En absoluto. Verás, te haré una pregunta. Si quieres cerciorarte de que has aprendido un idioma extranjero, no hay mejor consejo que practicar conversaciones con gente de ese país, el que sea. Así podrás verificar tu dominio de la nueva lengua en la que quieres desenvolverte. ¿Sí o no?

—Sé por dónde vas y no me acaba de convencer tu discurso.

…continuará…

5 comentarios en «EL PSICÓLOGO DEL MÁS ALLÁ (60) ¿Misión imposible?»

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Entrada siguiente

EL PSICÓLOGO DEL MÁS ALLÁ (61) Preparativos para la lucha

Jue Abr 7 , 2022
TwittearCompartirCompartirPin0 Compartir —Pues ya te adelanto que con la cuestión terapéutica ocurre exactamente lo mismo. Sí, Alonso, no me mires así y no me hables de «putear» cuando resulta que, en estas circunstancias, es lo mejor para ti. Busca a esos padres a conciencia, no te hace falta ser descarado […]