EL PSICÓLOGO DEL MÁS ALLÁ (18) Organización espiritual

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—Un momento, David. ¿Por qué te muestras tan pesimista? Tan solo has muerto para nacer a una nueva forma de vivir. ¿No es extraordinario? Mira, recuerdo muy bien una de las conversaciones que mantuve con ese señor del sueño. Debía ser el encargado de ese edificio o lo que aquí consideraríamos como un rector. Pues bien, él me dijo que la inmensa mayoría de los que cambian de estado, es decir, la gente como tú, reciben una ayuda cuando sucede el tránsito del fallecimiento. En otras palabras, que no te despiertas de golpe para permanecer solo durante un tiempo largo, sino que normalmente, se recibe un apoyo por parte de algún habitante de esa nueva dimensión a la que accedes.

—En ese sentido, te confesaré una cosa, Andrés.

—Te escucho, amigo.

—He de admitir que acontece de ese modo que te contaron. En efecto, tuve esa ayuda.

—Ah, ¿sí? Lo desconocía. ¡Qué interesante confirmar los datos expuestos por ese sabio!

—Sí, ese «rector» sabe mucho del más allá. Supongo que, si vive en la que ahora es mi dimensión, es porque conocerá ese procedimiento.

—Espera, David. Digo yo que si te has encontrado con esa ayuda ¿por qué estás tan solitario? Cómo me gustaría que ese sabio apareciese por aquí y, además de procurarte compañía, te diese tan buenos consejos como a mí. En tus actuales circunstancias, opino que no debe ser muy bueno el que permanezcas ahora en soledad. Además de triste, ¿de qué utilidad sería? Si nos quedamos sorprendidos o aturdidos después de viajar para el otro «lado», lo ideal sería entablar relación con alguien que te explicase lo sucedido y te aclarase las ideas. Es de pura lógica.

—Caramba, qué buen razonamiento —expresó el psicólogo mientras que se quedaba pensativo—. Después de todo, vecino, no me importa que sigas vivo. Será que cada uno tiene sus horas contadas. Me alegro de haberme cruzado contigo, porque me has desvelado aspectos que ignoraba y que seguro que me sirven para planificar mi nueva etapa post mortem. No sé, pero tengo la intuición de que, a partir de ahora, quizá entre en una dinámica más optimista. ¿Qué crees tú de eso?

—Vaya noche de sinceridad. ¿Quién lo iba a imaginar? Mira, David, he de confesarte una cosa.

—¿Más, aún?

—Sí. Cuando salí de mi casa hace un rato para dar este paseo, me crucé con un señor que me pareció muy simpático. Tenía como unos sesenta años o al menos, eso aparentaba. Llevaba una bata blanca, por lo que deduje que sería un médico. Te lo comento, porque al verme, después de presentarse amablemente, me pidió un favor.

—Uy, uy, uy… que tengo la impresión de que ya sé de quién se trata.

—¿De veras? Estoy acostumbrado a cruzarme con todo tipo de presencias cuando me doy mis habituales paseos en sueños. Soy capaz de mantener las conversaciones más extrañas que te puedas figurar. En fin, que ese doctor me pidió con mucha educación que acudiese a las puertas de este colegio y que aquí, justo donde estamos ahora, me encontraría con alguien que necesitaría mi ayuda.

—Bueno, empiezo a entender muchos aspectos de nuestra charla. No deja de ser todo fascinante.

—Lo curioso es que, cuando le pregunté con quién me iba a cruzar, rápidamente me acordé de ti debido a la descripción que me proporcionó. ¿Qué quieres que te diga? Pues que encajaba a la perfección con tu perfil. Yo le respondí que no me importaba cumplir con su encargo, pero que no sabría lo que decirte. Él se sonrió y me comentó que no me preocupase, que ya surgiría la conversación de un modo natural y que el contenido de lo que hablásemos te vendría bien para continuar con tu misión.

—No es que tenga dudas, pero, ¿ese individuo vestido de médico te informó de su nombre?

—Sí, al final me dijo cómo se llamaba. En cualquier caso y si ya le conoces ¿qué más da?

—Se trataba de Viktor, ¿me equivoco?

—Sí, eso es. Ja, ja… ¡qué pequeño es el mundo, David! Hay que ver lo bien que se organiza esta gente. Sin yo preguntarle por su relación contigo, me expresó que tú eras uno de sus alumnos, aunque últimamente te mostrabas remiso a cumplir con la tarea de aprendizaje que te había encomendado. Después, realizó algún comentario sobre una importante misión que tenías pendiente de hacer. ¿Sabes algo de eso?

—Claro, cómo no lo voy saber. Es mi tarea, mi reto por cumplir.

—David, se me hace tarde. Recuerda que he de levantarme para trabajar en breve. Antes de despedirme de ese doctor, insistió en la conveniencia de que me encontrase contigo, pues te resultaría de mucha utilidad. En fin, creo que la cosa ha discurrido tal y como ese hombre deseaba. Estoy mirando el cielo y por el este, comienza a clarear; he de marcharme. La alarma del reloj de mi cuarto va a sonar de un momento a otro.

—Sí, es cierto. Yo también veo ese alborear. Me hubiese gustado charlar contigo más tiempo, Andrés, pero comprendo tus deberes para con tu familia y con tu trabajo.

…continuará…

6 comentarios en «EL PSICÓLOGO DEL MÁS ALLÁ (18) Organización espiritual»

  1. La mejor ayuda..un conocido! un familiar!…ahora ya David tiene mas clara la situacion y hay mas aceptacion y ganas de evolucionar o crecer en ese nuevo nacimiento! Interesante las nuevas experiencias y aprendizajes que se estan dando

  2. David recebe ajuda de seu vizinho,comenta sobre Viktor, ou seja, David tem uma missao a cumprir. Espero que David colabore com Alonso.

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Jue Nov 11 , 2021
TwittearCompartirCompartirPin0 Compartir—De veras, David, te deseo lo mejor en tu camino. Seguro que todas estas complicaciones por las que estás pasando ahora se arreglan. A ese señor lo hallé simpático y creo que fue sincero en sus apreciaciones. No te desea ningún mal, sino todo lo contrario. Esa es la […]