SONIA Y LEÓN (92) Decisión acertada

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—Cuando queráis —expresó con rostro de entusiasmo Hipólito—. Sin embargo, hagamos antes un pequeño descanso. Vayamos los tres a la cocina y preparemos todo esto que habéis traído para cenar. Seguro que vuestras narraciones se volverán aún más interesantes mientras que degustamos estos buenos alimentos.

Y la noche se desenvolvió entre más y más confidencias que acrecentaron la amistad de la pareja con el Delegado de Hacienda. Hasta el cansancio de este último pareció desvanecerse. El interés puesto por los tres provocó que el tiempo se relativizara. Un ambiente de magia muy especial rodeaba aquella reunión, la causada por esa catarata que supone hablar de uno mismo y escuchar al otro, por un apasionante desahogo que estrechaba los lazos de unión entre aquellos tres seres. Ansiaban consolidar sus puntos en común, esa afinidad tan dulce sentida y, sobre todo, aclarar los motivos por los que debían continuar con su largo proceso de transformación.

*******

En fechas posteriores, un viernes, Sonia y León hicieron planes para almorzar fuera, como queriendo anticipar su satisfacción por la llegada del descanso que suponía el fin de semana.

—Entonces, querida, una vez pasado el tiempo, ¿cómo valoras la decisión que tomaste de contratar a Julia? Dime, ¿qué balance haces?

—Muy satisfactorio; siendo absolutamente sincera, nunca sospeché que me iba a alegrar tanto de ello. Ahora vivo más relajada, tú mismo lo puedes comprobar, gozamos de más horas para nosotros y ha ocurrido algo curioso que ya sabes: el negocio no solo se mantiene vivo, sino que, además, ha mejorado sus cifras. La clave fue emplear a una persona nueva. Le di el trabajo a la prima de Elisa, alguien que resultaba una incógnita por su inexperiencia, pero que respondía al perfil de chica joven que yo pretendía para el café. Ella llegó, como se suele decir, como un recién nacido: con un pan bajo el brazo. Analizando su trayectoria, existe una demostrada relación entre su contratación y el aumento de la clientela. Es muy buena como camarera, no solo por su atractivo físico, que en los negocios de cara al público siempre es importante, sino porque sabe cómo tratar a quien entra en el local, sintonizando con el cliente que atraviesa la puerta de acceso. Hace muchos meses que me di cuenta de que las personas que penetran allí no solo buscan tomarse un café, una cerveza o comer; es la excusa perfecta para una interacción social, para un desahogo, para una charla distendida que crea valor, porque nos hace sentirnos más cerca del otro. No voy a descubrir que los humanos somos criaturas sociales y que un café es el lugar ideal para llevar a cabo ese tipo de intercambio tan importante que acarrea una conversación en torno a una bebida, un aperitivo o un pastel. La regla es diáfana: cliente que se siente bien tratado, cliente que vuelve. Y no es solo eso. Ese alguien hace la propaganda más barata que existe en el mundo y la más efectiva: el «boca a boca», el hablar bien de un negocio, al final, atrae aún a más personas. Es una progresión imparable que se detendrá justo el día en que empecemos a ceder en nuestra atención y en el que nos dejemos de preocupar por quienes nos dan de comer, al fin y al cabo. Medité mucho sobre este asunto, León y puedo afirmar que Julia entra dentro de esa figura ideal que una espera incorporar a su empresa. ¿Quién me iba a decir a mí hace unos meses que iba a poder disfrutar tranquila de un fin de semana en compañía de la persona a la que más quiero? Ja, ja, ja…

—Apoyo tu razonamiento y comparto esa felicidad que se desprende de tus comentarios. Yo he sido, después de ti, el primer beneficiado de tu sabia resolución. Por cierto, y aprovechando el momento, quería contarte algo interesante.

—Me noto tan bien que podría escucharte durante horas, León. Adelante, hoy seré yo tu camarera y tú, un cliente preferencial.

—Pues ayer tuve una pequeña, pero extraña conversación con mi jefe.

—¿De veras? ¿Debo entender que sobre nuestros asuntos en común?

—Sí y no. Te digo esto porque realmente no lo sé. Supongo que todo ha de estar relacionado. Voy a explicarme mejor.

—Sí, por favor, porque ahora me has dejado con la curiosidad acechándome.

—Verás, Sonia, dependiendo de la jornada, tengo que subir a la primera planta del edificio de la delegación y hasta su despacho, para que él me firme algunos documentos que yo elaboro, de modo que los autorice. Qué sorpresa me llevé, cuando, ayer, tras proceder a la firma de esos papeles, Hipólito se me quedó mirando fijamente y me hizo una pregunta de lo más directa.

—¿Eh? ¿Qué pregunta?

—Sí. Con voz pausada y grave, me dijo: «¿vosotros habéis pensado alguna vez en tener hijos?».

—Vaya con tu jefe. Caramba con la preguntita; yo también me habría quedado sorprendida o desconcertada. ¡Qué raro! ¿Por qué lo haría?

—Como puedes imaginar, se me puso cara de poema y no supe ni cómo reaccionar. No sé si él se dio cuenta de que yo no sabía ni lo que responder, porque ni siquiera me miró. Durante unos segundos siguió revisando los documentos, permanecí callado y al final, me atreví a contestar: «Pues la verdad, jefe, es que nunca hemos hecho proyectos al respecto».

—Pues dijiste la verdad más clara, cariño. Es que nunca nos hemos puesto a debatir ese tema con seriedad. En fin, esa cuestión, tarde o temprano, aflora en la vida de todas las parejas. Nosotros, tal vez de forma inconsciente, siempre hemos esquivado esa materia, como si fuese algo que ni siquiera contemplamos. Y una cosa, ¿te preguntó algo más?

…continuará…

4 comentarios en «SONIA Y LEÓN (92) Decisión acertada»

  1. Parece que o casal adquiriu conhecimento de si mesmo e de seu aprendizado através dos ensinamentos recebidos.

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