SONIA Y LEÓN (87) Vida infinita

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Se hizo un breve silencio en aquella gran sala donde tres espíritus afines conversaban y debatían sobre las cuestiones más trascendentes…

—¿No será porque ya han desarrollado esas capacidades en otras existencias? ¿No será porque ya han trabajado esos aspectos con anterioridad y por tanto, han avanzado en su perfeccionamiento? —preguntó el Delegado alzando ligeramente su voz.

—Desde luego que sí, jefe. Al reencarnar en su actual vida, digamos que se produce una actualización en su aprendizaje. Sin embargo, no pierden nada de lo ya aprendido. No necesitan cultivar de nuevo todo ese caudal de habilidades porque ya las habían entrenado en su ayer.

—Eso es —afirmó Sonia—. Todos sabemos de esos genios que desde pequeños tenían algo diferente que les hacía diferenciarse con claridad del resto. Los había en el campo de las artes, de las ciencias o de la filosofía, o más sencillo aún: por sus ejemplos de vida virtuosa.

—Por eso, yo os pregunto —indicó el Delegado—: ¿no tenéis la convicción de que todo eso encaja con la idea de la reencarnación?

No hizo falta escuchar palabra alguna de la boca de los dos jóvenes. Ambos asintieron con su rostro sin duda alguna.

—Y no olvidéis, queridos amigos, algo esencial: el espíritu se mantiene firme en su proceso de transformación. Por eso, una vez que aprende algo, nunca da marcha atrás. En el peor de los casos, se estanca, pero jamás retrograda. El propio estancamiento ya es doloroso, una señal inequívoca de que debe continuar con su aprendizaje, con su desarrollo, pero sus miras siempre están puestas en su mejora, en su evolución.

—Sin embargo, Hipólito —tomó la palabra de nuevo la dueña del café Ágata—, has de reconocer que existen espíritus, que desde que reencarnan, parecen recrearse en su parálisis, en su inmovilidad, como si no experimentasen ningún interés por avanzar. ¿Qué me respondes a eso?

—¿Y qué es una sola vida, querida? ¿Tal vez un grano de arena en una playa inabarcable a la vista humana? ¿Quizá una minúscula gota de agua en un inmenso océano? Respondiendo a tu inquietud, la criatura humana lleva inscrita por dentro el gen de su propia transformación. Puede que una persona permanezca estancada durante un largo período, incluso durante toda una vida. No obstante, si eso se diera, existen mecanismos regulatorios.

—¿Qué quieres decir exactamente con «mecanismos regulatorios»? —manifestó con cara de sorpresa Sonia.

—Bien, como ya habrás leído, una de las peores sensaciones por las que puede atravesar un espíritu es la percepción de su propia parálisis, es decir, la conciencia de estar perdiendo una gran oportunidad en su desafío por desarrollarse. El dolor moral, ese que se siente en lo más íntimo, resulta infinitamente más intenso que el físico. Pues bien, una vez que el espíritu abandona la esfera material y regresa a la que le corresponde, se produce un examen que para algunos, resulta aterrador. Ese es el motivo por el que muchos de ellos desean retornar cuanto antes al plano material a través de la reencarnación. ¿Qué ha ocurrido? Pues que en ese proceso de meditación, de recopilación de datos, de análisis profundo de lo sucedido, se han dado cuenta de que han desperdiciado una existencia y que en esos momentos, lo prioritario es «tomar cuerpo» de nuevo para tratar de recuperar la ocasión y el tiempo perdidos. Ya veis que incluso el dolor, con ser penoso, obedece a unas reglas muy lógicas. La propia naturaleza se desliga del abandono y desea que sus criaturas avancen siempre. Evidentemente, no estoy hablando de las leyes humanas, sometidas a menudo a la imperfección de quienes las dictan. Estoy refiriéndome a la pureza, a la excelencia de las leyes divinas. Tened claro que todas esas disposiciones son las idóneas para asegurar el desarrollo de la vida humana. La evolución puede demorarse, mas nunca eliminarse, porque es la tendencia natural del alma y cada vez que visita el plano espiritual, se da cuenta de ello, a modo de recordatorio, porque la verdadera existencia es esa, la espiritual. Esto que veis ahora es tan solo un campo de pruebas, duro, complicado, pero necesario para todos nosotros.

—Pues sí, Hipólito —confirmó la joven—, se trata de una cuestión apasionante. De nuevo, se cumple el axioma del antiguo sabio: «cuanto más sabes, más te das cuenta de todo lo que te resta por aprender».

—Mucha humildad, mis queridos amigos. Es la mejor receta para encarar el increíble reto que supone la transformación. No somos los primeros en saber, que cuando creemos estar en lo más alto, de pronto, la existencia nos propina un tortazo y nos sitúa en el sitio que nos corresponde. ¡Un gran disgusto, sí, pero necesario para que no nos durmamos en los laureles del orgullo!

—Ese libro es absorbente, jefe. Lo confieso. Como he expresado antes, una vez que se lee, lo primero que te viene a la cabeza es cómo hemos podido permanecer tan ignorantes durante tanto tiempo. Se trata de una gran revelación, sin duda.

—Ciertamente, León. Aun así, deberás leerlo en varias ocasiones. Cada vez que lo hagas, descubrirás un matiz diferente, una enseñanza distinta que te elevará el alma.

—Como persona —comentó Sonia—, acepto que puedo cometer numerosos errores, pero que Dios es tan magnánimo, tan buen Padre con sus hijos, que me ofrece innumerables posibilidades de rectificar, de continuar con mi camino aprendiendo nuevas cosas y nuevas lecciones.

—Lo has resumido muy bien, jovencita. Se ve que tu trabajo de estudio está dando sus primeros resultados.

…continuará…

4 comentarios en «SONIA Y LEÓN (87) Vida infinita»

  1. Maravilha! O casal compreendeu que a reencarnação é um bem valioso para se educarem na senda do progresso espiritual.

  2. Buenas noches dónde encuentro los demás capítulos solo llega al 87 ,por favor quisiera seguir con la lectura

    1. Saludos cordiales, Belkis. Todas las semanas publico dos capítulos nuevos. Esta novela ya se halla en su fase final, aunque no sé exactamente cuándo acabaré, Al terminar, la subiré completa para su descarga en PDF. Mientras tanto y si resulta de tu interés, puedes descargar el resto de novelas (9) que están a tu disposición en la parte central de la página web. Si tienes Facebook, me lo dices y te añado como amigo/a. Un abrazo.

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