SONIA Y LEÓN (67) La muerte cabalgando

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—Pues está claro, cariño. ¿Recuerdas el sueño que tuve y aquel paseo de domingo por la playa hablando de ese tema?

—Es cierto, no hace mucho de eso.

—Pues ya ves, don Hipólito era la figura que aparecía en ese sueño, aquel hombre con aspecto de sabio con el que nos encontrábamos en el bosque y que luego nos invitaba a reunirnos en aquella cabaña del bosque. Ahora comprendo la escena: tú ya le conocías y por eso me lo presentabas, en ese ambiente de confianza y armonía que se respiraba en esa casita tan maravillosa. Todo encaja. Aquello fue una escena premonitoria y yo disfruté del privilegio de que se me mostrase con antelación. A su manera y trasladándonos en el tiempo, esta hogar es la cabaña que yo contemplé en mi sueño y tu jefe, su dueño.

—Es increíble, mi amor. Por las razones que fuesen, tu mente supo anticiparse a este encuentro y a este diálogo.

—Exacto, León. La escena de la que estamos siendo testigos ya estaba grabada en mi alma. Todo ha seguido un curso natural. Yo fui avisada y ahora, simplemente, ese plan se ejecuta. ¿No está usted de acuerdo, señor?

—Por supuesto —manifestó convencido el Delegado—. Haciendo uso de tu extraordinaria capacidad, los espíritus ya grabaron en tu interior que este encuentro ocurriría. Y mira por dónde, aquí estamos los tres, prestos a desenvolver ese plan. Hoy más que nunca, el tiempo se convierte en una dimensión más que relativa. No nos enteramos de muchas cosas mientras que habitamos en este templo que es la carne, esa es la situación del ser humano durante su etapa material. Sin embargo, lo que nos espera tras la muerte, resulta tan desafiante que no lo podemos ni imaginar. ¡Vaya sueño tan revelador que experimentaste, Sonia! Ahora, con vuestro permiso, intentaré resumiros mis recuerdos con Carmina, mis vivencias; así entenderéis muchas cosas…

De manera muy meticulosa, como siguiendo un ritual detallado, Hipólito fue vertiendo pequeñas cantidades de vino en las tres copas que había sobre la mesa. Tras un brindis silencioso y de lo más amistoso, los presentes se sonrieron y se dejaron envolver por la dulzura de aquella extraordinaria atmósfera allí creada y esparcida por cada rincón de la casa del Delegado.

—Queridos amigos y compañeros en este viaje infinito que es la vida: supe que Carmina sería la criatura con la que estaba destinado a caminar en cuanto la vi. Cada enamoramiento es distinto y depende de la capacidad que cada uno posee para mirar hacia su interior, para recibir las respuestas adecuadas a esas preguntas tan necesarias que surgen cuando te acercas a la persona que amas. ¿Por qué ella? O ¿por qué yo? ¿Qué extraño vínculo nos unió como almas para que nos aproximásemos? Nos hallamos en medio de esos emocionantes momentos en los que cada uno dirige su vista hacia sus profundidades, pero también hacia el otro. Entonces, las respuestas que recibes, siempre en función de tu capacidad introspectiva, comienzan a llegar a tu mente y te dejas invadir por esas sensaciones por las que se reconoce el amor. Desde el principio de los tiempos, siempre fue así y así seguirá mientras que las leyes del Universo y de la evolución continúen gobernándonos. En mi corazón latía una pregunta: ¿sería todo cierto? ¿Sería real que nuestra íntima conexión tan solo reflejaba el hecho de dos miradas que volvían a encontrarse? Ya son treinta y cinco años desde que me encontré con ella. Parece tanto tiempo, y sin embargo, no es nada en comparación a los siglos que nos contemplan. Tras cumplir nuestras bodas de plata, todo empezó a torcerse. No por nuestra voluntad, sino por los avatares de ese destino que ya está trazado y sobre el que no puedes rebelarte, salvo que pretendas quintuplicar tu sufrimiento.

Transcurrieron unos segundos de un meditado silencio, como si el responsable de Hacienda precisase de un pequeño descanso antes de reanudar su relato. Sonia y León no podían permanecer más expectantes.

—Perdonad mi pausa, la emoción me embarga, sobre todo porque esta historia de Carmina y de quien os habla, no es algo que le ocurra a cualquiera. Es algo tan íntimo, tan conmovedor en mi memoria, que solo a personas muy especiales como vosotros se lo revelaría. Tras celebrar nuestros veinticinco años de unión y de enamoramiento, una señora que portaba una guadaña se encargó de demostrarnos que la existencia es tan solo un préstamo, una oportunidad de progreso, un gran campo de pruebas sobre el que caminamos. Somos tan pequeños, que cuando nos queremos dar cuenta de algunas cosas, estas ya nos han superado. A menudo, nuestro nivel de conciencia es bajo, y nuestra mente divaga extrañas ideas entre la confusión, entre las incertezas que supone la falta de acceso a la verdad, esa ignorancia que tan cara nos puede costar para el alma. Así, cuando surgen las principales dificultades, nos preguntamos por las razones de estas. Es el momento en el que la senda de la vida se empina, se hace sacrificada de ascender, y entre las lágrimas y la serena aceptación, el sujeto se cuestiona por el auténtico sentido de la existencia. ¡Qué bello se transforma el tiempo cuando te dicen en el oído que no hay ni un segundo que perder, que la evolución no espera, sino que se construye en el día a día, acto tras acto! Hace unos diez años, a mí me llegó la hora de comprender esos temas tan esenciales. Aunque parezca mentira, yo me siento agradecido, pues la voluntad divina puso en mi ruta y delante de mis propios ojos, un hecho luctuoso por el que cambié para siempre mi criterio acerca de mis motivos para vivir. No entraré en detalles, porque a nadie le resulta agradable que el cáncer consuma en unos meses el vínculo físico que te une a la persona a la que quieres. Incluso llegas a maldecir a las fuerzas que nos manejan, como forma de desahogarte ante lo invisible. Eso sí, pensando, realizas un ejercicio de una humildad verdadera, hincas tus rodillas y es entonces cuando la sombra del odio deja de pasear contigo. Alcanzas un momento en el que ya no te duele la separación, sino que solo aspiras a entenderla, a clarificar las innumerables dudas que invaden tu pensamiento.

…continuará…

4 comentarios en «SONIA Y LEÓN (67) La muerte cabalgando»

  1. A Espiritualidade nos surpreende a todo momento. O sentimento verdadeiro dura para sempre.

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Dom May 2 , 2021
TwittearCompartirCompartirPin0 CompartirMientras que Hipólito daba un sorbo a su copa, Sonia asentía con su cabeza, como queriendo expresar que ella también había pasado por esa experiencia de perder a quien más quieres. —Fue así como mi Carmina, postrada en la cama de un hospital, pero dominada por la más absoluta […]