SONIA Y LEÓN (40) La paliza

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—Algo le ha debido pasar a mi novio. Al parecer, está ingresado en el hospital con lesiones. Lo que faltaba. No te puedo decir más, no sé si ha sido un accidente o si le ha ocurrido otra cosa. Si me disculpas, voy a verle…

—Claro, de acuerdo. Mira, llama luego y me dices exactamente dónde está para visitaros.

—Sí, desde luego, ya te llamo. Pero… ¡no pretenderás dejar aquí a Elisa, sola!

—Ya, bueno, igual hoy nos vamos antes. Ya lo miraré.

—Vale. Adiós y gracias, jefa.

Horas más tarde, tras haber cerrado el local antes de lo acostumbrado, tanto Elisa como Sonia se presentaron en la habitación del hospital que previamente, les había indicado su compañera por teléfono.

—¡Ay, Dios mío! Cuánto lo siento —expresó Sonia—. Vaya situación en la que te han dejado, Joaquín. ¿Qué fue lo que te pasó?

—Creo que la lengua es lo único que me funciona ahora —indicó el joven—. No te lo vas a creer, pero me siento fatal. Mejor que te lo cuente Carmen, no quiero gastar mis pocas fuerzas en hablar.

—Y pensar que cuando nos vimos en diciembre, ese día que estuviste por el café, estabas como siempre. No entiendo nada de lo sucedido.

Justo en esos momentos, una enfermera penetró en la habitación para revisar al infortunado paciente y hacerle una cura.

—Por favor, tengo que tratar al enfermo. ¿Les importaría esperar fuera mientras que le atiendo?

Una vez que las tres compañeras de trabajo estuvieron a solas en el pasillo, un inquietante diálogo se inició:

—Os voy a contar justamente la versión que él me ha dado de lo ocurrido —comentó Carmen—. Él disponía de la tarde libre y aprovechó la ocasión para acercarse al gimnasio que tiene cerca de casa y donde suele ir a entrenar. Cuando ya había terminado la sesión e iba a ducharse, se vio sorprendido en el vestuario por un hombre de aspecto musculoso, alto y muy fuerte, que sin darle ningún tipo de explicaciones, le preguntó si él era Joaquín. Al contestar mi novio de manera afirmativa, el desconocido empezó a propinarle golpes de todo tipo. Debió ser como un minuto, lo justo para dejarle en ese estado tan lamentable que presenta. No se le ven lesiones importantes en el rostro, pero tiene dos costillas rotas y numerosas señales de patadas y puñetazos por todo el cuerpo. No os habéis podido fijar porque acabáis de llegar, pero tiene moratones por toda la piel, a excepción de su cara. ¡Es horrible!

—Tranquila, mujer —intervino Elisa dando ánimos—. Lo que hay que hacer es denunciar los hechos a la policía y que ellos investiguen hasta arrestar al culpable. Seguro que lo detienen rápido.

—Ya, pero es que ese es precisamente el problema. En lo poco que he hablado con él, Joaquín me ha dicho que no puede presentar una denuncia contra un tipo al que no conoce de nada.

—Pero, ¿qué tontería es esa? —dijo Sonia—. Las agresiones no tienen por qué ser realizadas por gente conocida. Pudo ser cualquiera, pero para eso se hacen las averiguaciones oportunas.

—Eso es cierto, yo también estoy de acuerdo con la jefa —argumentó Elisa.

—Un momento, Carmen —comentó Sonia—. Pensemos por un momento en los datos de los que disponemos. Puede ser que a consecuencia de los golpes, Joaquín haya sufrido algún tipo de traumatismo que le impida recordar bien lo sucedido. A lo mejor sí conoce a ese sujeto de algo, pero ahora mismo lo ha olvidado o se siente confuso. Lo esencial es comprobar el móvil de ese ataque, o sea, qué llevó a ese energúmeno a darle a tu novio esa brutal paliza. La verdad es que esto no deja de ser extraño y me llama la atención que fuese en un gimnasio. En general, nadie se violenta de ese modo si no posee un buen motivo; se arriesga a unas consecuencias legales nada agradables. Quizá ese hombre se haya confundido de objetivo. Nada es descartable. También me sorprende el hecho de que recibiera golpes por todo el cuerpo, pero no en su rostro. Eso podría deberse a que no deseaba dejarle marcas en la parte más visible de cualquier persona.

—No sé lo que hay detrás de todo esto —respondió la novia de Joaquín—. Lo único que siento es mucha irritación y mucha pena por él. Además, no entiendo nada. ¿Quién iba a querer darle una paliza? Que yo sepa, nunca le ha hecho ningún mal a nadie, es un hombre pacífico que nunca se ha metido en peleas. Y por temas de trabajo, tampoco lo entendería… él solo trata de vender y vender, nada más.

—¿Has podido hablar con algún médico? —preguntó Elisa.

—Sí. Me han dicho que debía ser paciente. Su vida no está en peligro, pero necesitará reposo y rehabilitación. Nadie sabe cuándo recibirá el alta, eso dependerá de su evolución. Él está en buena forma y es muy deportista. Espero que eso le sirva para recuperarse cuanto antes.

—Esa debería ser la prioridad —afirmó Sonia con convicción—. Mañana hablaremos para distribuirnos los turnos entre las tres, porque ahora precisarás de más tiempo para estar con él aquí hasta que se vaya a casa.

—Ay, Sonia, gracias por ser tan buena jefa y tan comprensiva. Te devolveré estas horas más adelante, cuando todo esto se acabe. ¡Vaya pesadilla!

…continuará…

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Jue Ene 28 , 2021
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