ALMAS EN GUERRA (94) Conversación en la noche

—Por otra parte, después de terminar el diálogo con Rosa, deberéis visitar a nuestro hermano que seguirá ingresado en el hospital. Cuando Alfonso se desprenda durante el descanso nocturno, habréis de instruirle para facilitarle su proceso de cambio, esa transformación que ya había iniciado merced a vuestro trabajo, pero que ahora corre el riesgo de disiparse ante las consecuencias que deberá acarrear durante los próximos años en su organismo. Confío en vosotros porque sé de vuestros conocimientos y por el empeño que habéis demostrado. Además, ya habéis trabajado con él, lo que favorecerá el objetivo de la misión. Solo os deseo el mejor de los triunfos, a fin de que Alfonso pueda reconducir sus pasos. No será fácil. Rogaré a Dios para que os ayude en esta nueva tarea. Nuestro trabajo, como colonia espiritual asociada a la Tierra, no puede interrumpirse. Estoy seguro de que seréis nuestros mejores embajadores.

—Estamos preparados —contestaron casi al unísono los dos espíritus mientras que se despedían de Bernard.

Llegado el plazo estipulado y en mitad de la noche, Diego y Santiago se acercaron a la tienda de ultramarinos en el centro de Sevilla. En el momento convenido, Diego comenzó a llamar desde su pensamiento a su antigua prima mientras que su compañero permanecía observando la escena a una distancia prudencial.

Alertada por aquella dulce voz que ejercía un poder magnético sobre su figura, el alma de la joven se desprendió hasta tomar plena conciencia de lo que estaba sucediendo.

—Pero, pero… —balbuceó la chica—. ¿Qué está pasando? Ay, Dios mío, siempre me dije que te volvería a ver, primo. Nunca perdí la esperanza ni siquiera cuando te enterraron. Tenía tanta fe en que no podías morirte que ahora mi esperanza se transforma en realidad. ¡Déjame que te abrace, Diego! ¡Qué dicha más grande!

Tras un abrazo que pareció eterno por la luminosidad que despedía, la conversación entre los dos jóvenes se inició…

—¿Quién es ese hombre que nos examina? —preguntó Rosa.

—Caramba, ya veo que en sueños tu capacidad de observación es aún mayor que la que tienes despierta. No temas. Te lo presentaré. Él es mi mentor y me acompaña en esta misión. Se llama Santiago y por supuesto, te conoce desde hace mucho tiempo.

—Encantada, señor. Si es amigo de mi Diego, entonces usted debe ser una bella persona.

—Qué gentil eres, Rosa. Eres todo dulzura e ingenio —expresó Santiago mientras que posaba su mano en el hombro a aquella alma en forma femenina.

—Mira, Rosa —prosiguió Diego—, hemos venido hasta aquí para decirte que no desistas de tu empeño. No mires los inconvenientes, valora más bien las ventajas, las consecuencias de tu anhelo, de tu encomiable afán por rescatar a Alfonso. Si persistes, vencerás, o mejor dicho, venceréis, porque también él se verá afectado por tu decisión.

—Ay, primo, ayúdame, tú que me diste tan buenos consejos cuando vivías aquí, conmigo en la tienda. Él me ignora, es como si se hubiera olvidado de mí y no quiere verme. Ya lo he intentado dos veces y por una u otra razón, todo son impedimentos. Aconséjame sobre lo que hacer, Diego, porque estoy desesperada y bajo ningún concepto me gustaría perderle. Con lo felices que éramos los dos juntos, desde el primer beso que nos dimos en el mostrador… Estoy reviviendo ahora esa escena y no puedo entender cómo hemos llegado a esto… Siempre confié en ti, como el hermano mayor que me guiaba y ahora, me noto tan impotente. ¿Qué he de hacer, Diego? Si yo le sigo queriendo…

—Claro que le quieres, Rosa. Lo sé porque tu alma es grande, porque sé que a pesar de lo ocurrido, su estado físico no afecta a lo que tu corazón te dice. Yo me alegro por ello y también te digo que no sufras por tu gran preocupación. Mira, para facilitarte las cosas, nosotros vamos a ir a hablar con él en cuanto acabemos esta charla. Le expondremos nuestros motivos y con nuestras mejores intenciones, le explicaremos la conveniencia de seguir contigo. Ambos tenéis el destino de amaros, pero hasta para eso, la voluntad ha de obrar libremente.

—Y ¿os escuchará?

—Cuenta con ello, prima. Y se alegrará, desde luego. Él posee en su interior innumerables recuerdos asociados a tu figura y te aseguro que son buenos. Él conoce intuitivamente que gracias a nuestra intervención, su vida cambió. Ahora se halla en dificultades, pero eso no borrará el vínculo tan fuerte que generó nuestra amistad.

—Que Dios te escuche, primo. Sin embargo, él ha sido muy tajante tanto con sus padres como con el médico que le atiende: les ha dicho que no desea encontrarse conmigo. ¿Cómo luchar contra esa obstinación?

—Con tu voluntad, mi buena Rosa. Tú nunca te has rendido en otros aspectos de la vida y ahora, tampoco lo harás. Habrás de ser inteligente y aprovechar la ocasión. Mañana, cuando llegue el almuerzo, Alfonso se quedará solo en la habitación. Inspiraremos a sus padres para que salgan a comer juntos en otro lugar y a esa hora nadie le visitará, ni los médicos ni las enfermeras. Será el momento justo para entrar en su cuarto y encontrarte cara a cara con él. Cuenta con ello. Nosotros te daremos todo el ánimo del mundo. A ti te corresponde la ejecución de este plan. Y tranquila, mi buena alma, nunca ningún acto hecho por amor es inútil ni cae en el olvido. Te lo aseguro.

…continuará…

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