ALMAS EN GUERRA (89) Informe médico

Una vez anochecido, tanto el juez Revenga como su esposa Inés se levantaron de sus asientos. Un médico preguntaba por ellos…

—Ustedes son los padres del joven que he operado, Alfonso.

—En efecto —respondió Constancio—. Estamos ansiosos por escuchar las novedades.

—Bien, estén tranquilos. Yo soy el doctor Anglada, cirujano que ha realizado la operación de su hijo. Seré absolutamente sincero. Su hijo, salvo que surjan complicaciones, sobrevivirá.

—¡Ay, Dios mío, gracias, gracias! —expresó de repente la madre mientras que cruzaba sus manos a la altura de su boca.

—Un momento, doctor. ¿Por qué ha recalcado la expresión “por el momento”?

—Bien, como médico, debo ser prudente y no descartar dificultades. Pueden aparecer infecciones u otro tipo de problemas. Hay que moderar la inicial alegría, porque las próximas jornadas serán críticas en función de la evolución del paciente. Yo siempre soy optimista, el chico es joven y confío en que sus fuerzas le respondan.

—No sabe usted cómo le agradecemos el esfuerzo realizado —dijo el magistrado con gesto de reconocimiento.

—No se preocupen. Es mi deber. Una vez superada la etapa más complicada, debo comunicarles una mala noticia cuanto antes.

—¿Qué quiere decir? —preguntó alarmado el juez—. Ha sobrevivido, eso era lo más importante.

—Desde luego, señor. Ese era el objetivo prioritario. Sin embargo y a veces, superar este tipo de acciones tan dramáticas conlleva un coste adicional para el enfermo que no resulta fácil de asimilar.

—Doctor, por favor, ¿podría usted ser más específico? —expresó la madre de Alfonso—. Me estoy angustiando.

—Ha sido usted certera con su pregunta, señora. De eso se trata y de eso quería hablarles. Con toda seguridad, su hijo no va a escapar bien de este incidente tan grave. Aunque los milagros existen, la probabilidad de que se quede en una silla de ruedas para el resto de sus días es prácticamente inevitable.

—¿Cómo dice? —volvió a intervenir Inés con lágrimas en sus ojos—. Mi niño para siempre en silla de ruedas…

—Me temo que así puede ser. Los daños del proyectil al atravesar el abdomen de su hijo afectaron a una de las vértebras de su columna y lesionaron también la médula espinal. Eso quiere decir que al verse visto lesionada la parte lumbar, esto le afectará a la movilidad de sus piernas.

—¡Ay, Señor! —exclamó la mujer mientras se desplomaba sobre una silla y comenzaba a llorar profusamente—. Mi hijo, un inválido de por vida.

—Por favor, Inés. Nadie niega la gravedad de la situación, pero al menos, está vivo. La madre de Diego solo podrá llevarle flores al cementerio. A nuestro Alfonso, en cambio, podremos verle, abrazarle y charlar con él.

—Señores —expuso el galeno—, hemos hecho cuanto estaba en nuestras manos, de eso pueden estar seguros. Hemos conseguido salvarle la vida que era lo esencial. Deben saber que esa bala era expansiva, preparada para hacer el mayor daño posible. Que haya superado la operación ya es un milagro, aunque las secuelas resulten dolorosas tanto para él como para ustedes. Va a ser un proceso duro, es decir, el hecho de tener que asimilar su nueva realidad y más a la edad que tiene. Para él será fundamental contar con todo el apoyo de sus seres queridos. ¿Él estaba casado? ¿Tenía hijos?

—No —respondió Constancio—. Solo tenía novia.

—Correcto. Entonces habrá que ser cauto con la reacción de ella. Puede pasar de todo. Yo no la conozco, pero habrá que comprobar si es lo suficientemente leal como para mantenerse con él. Esto es muy duro y como médico he visto todo tipo de respuestas ante un suceso de esta envergadura. Ustedes, mejor que nadie, podrán hacerse una idea de lo que pueda ocurrir.

—Ya, ese es otro problema que deberemos encauzar —afirmó el magistrado.

—Bien. Mañana les contaré cómo va yendo su evolución. Antes de despedirme, quiero que sepan un aspecto importante y más tratándose de la edad del chico.

—Díganos, doctor Anglada.

—En pacientes afectados por este tipo de lesiones medulares, las relaciones sexuales son casi imposibles. La parte genital ha quedado afectada por el daño producido. Esto es una mala noticia, pero será una cuestión que en breve, habrá que afrontar con su hijo. Sabemos lo que esto puede cambiar la vida de una persona. Siento decirlo, pero mi deber profesional es no ocultar la verdad. Buenas noches. Mañana volveremos a encontrarnos.

—Adiós y buenas noches.

—¡Qué desgracia para mi niño! —comentó Inés—. Ni siquiera había pensado en eso. Y tan joven… No sé si va a poder sobrellevar tan pesada carga.

…continuará…

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