ALMAS EN GUERRA (83) Advertencias

—Pues está claro que acertaste con esa corazonada —respondió Alfonso mientras que movía su cabeza en tono afirmativo—. Si en aquella jornada no hubiera entrado por esa puerta, ¿qué habría sido de mi vida? Lo cierto es que estoy aquí, en tu casa, esperando a mi gran amor; solo deseo complacerla y en cuanto contemple su rostro, ya me sentiré feliz.

—Estás enamorado, amigo, no me cabe duda. Ja, ja… ahora recuerdo cuando venías aquí a pedirme “ayuda” para facilitarte un posible acercamiento a ella.

—Es verdad, qué pronto se olvidan aquellos momentos de incertidumbre cuando has conseguido lo que querías. De todas formas, precisaba de esos consejos que tú me dabas. Aunque nunca me pusiste fácil las cosas respecto a tu prima, con la perspectiva del tiempo, queda claro que fue lo mejor. Era mi misión confiarle mi amor a Rosa, por mis propias palabras y no a través de otro. Tenías razón, Diego… ¿cómo ibas a hacer tú por mí lo que solo a mí me correspondía? Al final, todo salió bien, mereció la pena ser paciente y ahora puedo disfrutar de ello.

—Compruebo que estás en el cénit de un maravilloso idilio. Sin embargo, recuerda una cosa, Alfonso.

—Uy, ¿qué cara es esa? ¿Ocurre algo especial sobre lo que debas advertirme?

—Ahora estás viviendo un pleno romanticismo que te ocupa incluso las horas de sueño, pero vendrán días difíciles para los que deberás prepararte.

—Si te refieres a que somos seres perfectibles, estoy de acuerdo, Diego. Eso ocurre en todas las relaciones, aunque en esta situación, no lo veo posible.

—Soy consciente, pero guarda en tu memoria esta conversación para refrescarla cuando surjan los problemas. Los seres humanos estamos llenos de carencias y como tales, habrá ocasiones en las que aparezcan los desacuerdos o las disputas. Cuando lleguen, piensa en el rostro del amor, en al alma de Rosa y persiste en tu compromiso de amarla. En las dificultades, Dios os contemplará como ahora comparte vuestra felicidad y yo solo querré que os sigáis amando, como sucede ahora.

—No sé qué cosas extrañas habrán llegado a tu pensamiento, pero tendré en cuenta lo que has dicho. En cualquier caso, no voy a preocuparme por un futuro que ya llegará.

—Anda, mira, esa forma de abrir la puerta me resulta familiar. Tú la querrás mucho, pero no olvides que nosotros nos hemos criado juntos y que hemos vivido como hermanos.

—Es cierto.

—¡Eh, prima! ¿Todo bien? Aquí hay alguien que te está esperando y que dice que te quiere llevar al cine. ¿Qué opinas?

—Bueno, eso es lo que me prometió a lo largo de la semana. Espero que no haya cambiado de planes repentinamente.

—Pues claro que no, mi amor —expresó Alfonso mientras que se levantaba de la silla y le daba un beso a la joven—. Vamos a hacer justo eso que te propuse.

—Encantada. Me cambio de ropa y ya salimos. Dame unos minutos.

—Oye, ¿qué tal doña Leonor? —preguntó Diego.

—Pues se la veía muy feliz. La verdad es que hacía tiempo que no escuchaba tanto jaleo en esa casa. Imagina la escena: muchos nietos y sus amiguitos revoloteando por el piso. Espero que disfruten con todo lo que preparamos. Esos críos tenían pinta de ser bastante glotones.

—Seguro que sí. Bueno, que no deseo entretenerte más. Arréglate mientras que yo le doy charla a tu amado.

—Gracias, primo. Ahora vuelvo. Me pondré guapa.

—¿Más aún, Rosa? Eso es imposible —comentó entre risas su novio.

Y pasó el tiempo. Y transcurrieron los meses. Y llegó el tórrido verano del año siguiente a aquella ciudad a orillas del Guadalquivir. El negocio de ultramarinos continuaba funcionando, a pesar de la economía de guerra impuesta por el conflicto, lo que ocasionaba numerosos obstáculos a la hora del comercio. Sin embargo, en la capital hispalense hacía mucho tiempo que habían cesado los combates y la gente, aunque con aprietos, trataba de seguir adelante. Por eso, había un número estable de clientes que volvían a la tienda de ultramarinos a hacer sus compras, pues allí encontraban una serie de alimentos y bebidas que probablemente, no iban a hallar en otro lugar. La buena gestión, el excelente trato personal y el esfuerzo invertido por aquella familia compuesta por tres mujeres y un hombre estaban dando sus frutos.

La relación de noviazgo entre Rosa y Alfonso proseguía llena de esperanzas. Los jóvenes se amaban manteniendo la llama encendida del primer día y con cada amanecer, el corazón de la chica crecía y crecía, mientras que el alma de él limaba las asperezas de un turbio pasado y ensanchaba las puertas de la entrega incondicional hacia Rosa. Cuanto más se observaba aquel vínculo, más se podía verificar que estaban hechos el uno para el otro, si bien cada uno desde una posición distinta. Ella donaba sus más nobles sentimientos al vínculo mientras que Alfonso, se constituía en el receptor de ese flujo de emociones que con calma pero sin pausa, le estaban haciendo aumentar su valor como persona.

…continuará…

2 Replies to “ALMAS EN GUERRA (83) Advertencias”

  1. A vida segue normal para o casal apaixonados. O interessante, é a observação de Diego para os dias não românticos que poderão surgir com o passar do tempo.

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