ALMAS EN GUERRA (82) La atención del alma

—¿Tú crees en la existencia del alma? —preguntó Diego con gesto serio.

—Claro que sí, soy católico.

—Bien. El alma es el principio rector de la persona. Es inmortal y por eso afirmamos que al morir el cuerpo la vida sigue, gracias a que conservamos esa pieza que nos permite continuar viviendo. Y yo te pregunto: ¿cómo se manifiesta ese espíritu que llevamos dentro?

—Pues esa es una pregunta muy profunda. Supongo que en el sentido trascendente que tenemos de la vida. Bueno, los comunistas no, ja, ja, ja…

—Eres un bromista muy bueno, Alfonso. Como ellos no creen en nada y son ateos, pues como que los asuntos espirituales no les afectan. Me temo que por mucho que se empeñen, esta cuestión funciona de otra manera. Da igual que creas o no, lo importante es que si el alma existe, llegará un momento en que se mostrará. ¿No te parece?

—Desde luego. Si somos inmortales, seguiremos viviendo a pesar de nuestras creencias.

—Como te comentaba, aunque lo que has dicho es muy acertado, me refería a otro tema. El alma se manifiesta a través del pensamiento, de modo que todo lo que pensamos a lo largo del día no deja de ser sino una muestra de la parte espiritual del hombre. Aunque haya gente que se ría de eso, a mí no me importa porque me siento seguro de mis convicciones. Esos pensamientos que proceden del alma necesitan mantener un objeto de atención.

—Caramba, pareces un doctor de esos que se dedica a examinar el cerebro…

—Continúo. Después de la ruptura de tu antiguo noviazgo y del abandono de tus estudios de Derecho en la universidad, tu alma se quedó sin objeto de atención, es decir, sin un tema sobre el que centrarse a cada hora que transcurría. Y ¿cómo se reconoce esa sensación?

—Pues te notas como abatido, disperso, desconcertado, aburrido, porque no tienes en lo que reflexionar.

—Muy bien. Pues eso que acabas de describir tan bien es justo lo que te pasó. ¿Y qué ocurrió a continuación? Muy sencillo. En tu búsqueda por hallar algo con que rellenar tu vacío, ese agujero producido por el alejamiento de Beatriz y por el fracaso de tus estudios unido a los conflictos y las discusiones con tu padre… hallaste un objeto en el que focalizar tu atención.

—Está claro: la Falange, su proyecto político y mi compromiso con ellos.

—En efecto. Así, toda esa energía que concentrabas en tus anteriores actividades como el acudir a la universidad o tu contacto con tu anterior novia, pasó a concentrarse en la política y en todo lo que eso conllevaba.

—Completamente de acuerdo, mi buen consejero.

—Alcanzamos entonces el presente más cercano. Llega un día en el que se cruza en tu camino vital una chica joven, hermosa, tímida pero simpática, un verdadero ángel cuya mirada te entra por los ojos desde el principio, cuando la viste por primera vez en el mostrador de esta tienda y algo muy especial comienza a latir en tu corazón. De pronto, tu objetivo que era la acción política comienza a perder fuerza. ¿Por qué? Porque tu alma ha encontrado un punto que acapara toda su atención, un espacio mucho más atractivo que esta guerra: el amor. Esto, como es lógico, no sucede de la noche a la mañana, lleva su proceso, pero encuentra su momento supremo cuando Rosa conviene en salir contigo. Tu concentración ya ha despejado sus dudas: ahora se halla inmersa en lo que más le gusta. Sobra decir que en esta coyuntura actual, tu amor por mi prima ha apartado hasta reducirlo a su mínima expresión cualquier otro tema que pudiese ocupar tu mente.

—Puedes estar seguro de que tu relato refleja mi presente, Diego.

—Pues ya está. Tu evolución es lógica y ese desinterés que antes comentabas no es más que la consecuencia natural de lo que te ha pasado en las últimas semanas. No sabes lo contento que me siento al hablar de esto: tu devoción por Rosa es lo que más te va a hacer progresar en la vida. Al luchar por ella, al entregarte a su alma, al hacerla feliz y compartir su existencia, estarás recorriendo el verdadero camino de la transformación. Me pregunto si hay algo más elevado que el amor por esa criatura a la que tanto admiras…

—No, no lo hay, Diego. Estoy convencido de ello. Ese sentimiento que tengo por Rosa me llena por completo, me invade por dentro con mi consentimiento y yo no puedo estar más agradecido ni sentirme más afortunado. Si existe algo a lo que se pueda llamar felicidad, fíjate en mi mirada y en mis lágrimas. Son la señal de que yo no aspiro a más porque no se puede tener más, pues donde hay amor, no queda espacio para otra cosa. Ella lo es todo para mí.

—Me emocionas al expresarte, amigo. Tus palabras son tan sinceras como la pureza de Rosa. ¡Qué alegría! Por darle un tono más divertido a esta conversación, te diré algo. Cuando ella te trajo las bebidas frías en aquella jornada de julio, tuve un golpe de intuición muy intenso. Ya hace tiempo de ello, pero esa sensación la tengo fresca en la memoria. En aquel instante, sabía que de nuestro encuentro surgiría algo grandioso.

—¿De veras?

—Sí, son corazonadas que golpean tu pecho y yo acostumbro a dejarme guiar por ellas.

…continuará…

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