ALMAS EN GUERRA (81) El verdadero interés

—Faltaría más, amigo del alma. Siéntate allí que estarás más cómodo. Te voy a preparar un poco de café que es buena hora. Mientras que Rosa regresa, podemos charlar un rato.

—Perfecto. No me vendrá mal una taza de café caliente para coger ánimo.

Ya con las bebidas en la mesa…

—Oye, Alfonso ¿oíste hablar de las últimas noticias del frente? La verdad es que me quedé sorprendido. No me esperaba esa resistencia tan encarnizada. Con la inercia de conquista que llevaban los militares nacionales y con su velocidad de avance en Extremadura o en Toledo, yo pensaba que Madrid caería en tan solo unas semanas. Además, el gobierno republicano ya se había instalado en Valencia, como dando a entender que incluso ellos mismos no tenían mucha fe en sus posibilidades de aguantar.

—Sí, ya me enteré. Yo también me quedé extrañado. La lucha continuará por más tiempo, pero esto solo ha sido un revés. Tarde o temprano, el Ejército va a reanudar sus ataques en otras partes hasta que hagan un cerco a la capital y esta acabe por rendirse. Esa gente no puede ganar una guerra a unos militares muy profesionales y bien preparados como son los de África. Creo que en Madrid hay ahora más comunistas que en Rusia, que ya es decir, porque han trasladado para allí al grueso de las Brigadas Internacionales. Son los que les han salvado el pellejo a los republicanos, por el momento. Deben ser muy fanáticos esos extranjeros como para viajar tantos kilómetros en apoyo de un régimen que lo único que ha hecho es llevar a la ruina a España. La victoria costará mucho esfuerzo y se habrá llevado por delante a miles de personas y sin embargo, habrá merecido la pena para construir una nueva nación aunque sea desde las ruinas de la antigua. Yo así lo creo.

—¿Lo crees, Alfonso? ¿Qué dudas son esas?

—Mira, Diego, ¿quieres que te cuente un secreto?

—¿Un secreto? ¿A estas alturas, cuando casi somos familia?

—Pues sí, por eso. Más que un secreto, se trata de una reflexión profunda que llevo tiempo haciéndome.

—Ah, pues esta improvisada conversación se pone cada vez más interesante…

—Me gustaría escuchar tu opinión acerca de una cuestión. Me aprovecharé de ti porque tú eres el “experto en almas”, aquel que sabe llegar hasta las “profundidades” del otro. Mira por dónde, me voy a desahogar contigo nuevamente.

—Entonces, suelta esa preocupación, que te escucho.

—Desde hace ya un tiempo, la política cada vez me interesa menos. Así lo digo porque así lo siento. Sí, ya sé que mi argumentación te sorprenderá. Lo comento porque tienes enfrente a alguien que se estudió de memoria la declaración fundacional de la Falange y que se introdujo en el partido movido por la idea de cambiar España. Aunque me conoces y sabes que esa decisión fue motivada por mi estado interior de incomodidad, lo cierto es que yo no quería permanecer en mi casa, bajo el manto protector de mi padre, mientras que fuera, la gente se movilizaba a favor de sus ideas. Quería formar parte de un drama en el que correría la sangre y se extendería el sufrimiento. Esto puede parecer algo muy radical, pero reflexionando me daba cuenta de que no podía abandonar a mi nación en manos del comunismo y de la anarquía.

—En efecto, has descrito tus primeros pasos en la lucha, como quedó demostrado desde que sucedió nuestro primer encuentro. ¡Qué días, Dios mío!

—Así fue; fuiste testigo directo de mi conducta. Lamentablemente, me cogiste en el peor momento de mi trayectoria y casi lo pagas con tu vida. Te confesaré algo: poco a poco mi motivación por este conflicto y por la política ha ido descendiendo. ¿Quieres saber cuál creo yo que es el motivo de esa apatía?

—Alfonso, no puedo disimular el hecho de que conozco la respuesta a tu pregunta. Ese distanciamiento de la que era tu actitud hace unos meses se halla asociado al nombre de un ángel al que veo todos los días. ¿Me equivoco?

—¿Tú? ¿Equivocarte? Eso es imposible, amigo. En efecto, me vuelves a leer el pensamiento. No hay nada que pueda esconder a tu mirada. El hecho es que fue justo conocer a tu prima y mi percepción cambió por completo. Mi perspectiva se hizo distinta y se centró en la figura de una mujer. Ya no tenía tiempo para dispersarme. Al principio era una ilusión, un proyecto que ignoraba cómo saldría. Sin embargo, ahora que la relación se consolida, medito cada día para mejorar las cosas, para reforzar mi vínculo con ella y ofrecerle todo aquello que creo que Rosa espera de mí. Su figura vive en mi cabeza, lo cual quiere decir que la intensidad por centrarme en otros asuntos ha perdido interés. Me contemplo ahora y me comparo con el Alfonso del pasado y no doy crédito. ¿Qué son la política o la guerra en comparación a una criatura que tanta felicidad me aporta? No sabes cuánto agradezco al cielo haberme encontrado contigo, pues merced a ti, pude cruzarme con su cara, con sus ojos, con su voz… Ese hombre que estaba todo el día pendiente de la radio, de leer periódicos o de participar en los debates con los compañeros de partido ha muerto y ha vuelto a nacer para amar a la persona adecuada, aquella que el destino ha situado frente a mi vista. No hace falta que te dé más detalles de mi cambio, porque me has entendido a la perfección.

—Sin duda, tu evolución ha sido considerable y yo me alegro por ti y por todos nosotros. Aun así, me gustaría añadir algo a lo que has dicho.

—Oh, seguro que tu mensaje me dará más seguridad, más confianza en lo que he expresado.

…continuará…

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