ALMAS EN GUERRA (78) Origen de un amor

—¡Te pidió salir, como es lógico!

—Acertaste, primo. ¡Eh, por tu mirada pareciera que estabas allí mismo!

—Creo adivinar lo que le respondiste. Tus ojos hablan más que tus palabras.

—¡Pues te equivocas, listo! Fui prudente, como mandan las reglas de cortesía.

—Ah ¿sí?

—Pues claro. Le dije que mi madre y tú, como hombre de la casa, debíais darme permiso antes. Me ha invitado a salir el domingo por la mañana. Luego, me llevará al parque de María Luisa y allí podremos tomar algo. Mañana llamará a casa para asegurase de vuestra respuesta positiva.

—¡Dios mío, cuánto me alegro por vosotros! Espero de corazón que todo os vaya bien y yo os doy mis bendiciones. Estoy convencido de que estáis hechos el uno para el otro. Estaba pensando en que si tu madre no pone ningún inconveniente, resultaría ideal que después de vuestro paseo le trajeses aquí y le invitases a comer. Creo que sería una buena forma de realzar vuestro encuentro. ¿Qué me dices?

—Oye, pues ahora que lo comentas, me parece una idea fantástica. ¡Qué bien pensado, Diego! Eres un buen anfitrión y un maestro de ceremonias. No te quepa duda de que mañana le haré esa proposición. Seguro que se apunta.

—Repasando el éxito de aquella cena, es más que probable que acceda con gusto.

—Es verdad, primo, esa noche resultó mágica. Fue la ocasión propicia para que él se abriese y también para que mostrase sus sentimientos. Por eso le hice tantas preguntas, para saber más de él. Tenía tantas ganas de desahogarse que encontró en nosotros a las personas más indicadas.

—Desde hace tiempo, él estaba deseando pedir perdón por la barbaridad que cometió el segundo día que acudió a la tienda. Por eso, ahora ha cogido más confianza para manifestarte sus emociones. Oye, ¿tú eres persona de confianza?

—Pero, idiota —dijo Rosa mientras empujaba al otro joven levemente—. ¿Estás loco? ¿Cómo se te ocurre preguntarme eso? Yo siempre he sido para ti tu hermana más pequeña.

—Sí, es cierto. Ya te he dicho multitud de veces que eres como un ángel y que te mereces lo mejor.

—Vale, vale. Entonces ¿por qué me haces esa pregunta?

—Hum… solo quería asegurarme.

—Asegurarte… ¿de qué?

—Pues es muy sencillo: tengo un secreto que compartir contigo y como me has repetido a lo largo de la vida que siempre podría confiar en ti, pues te lo voy a contar. Una vez que Alfonso ya ha dado el paso, no hace falta esconderlo más.

—Ah, sí, por favor —expresó Rosa entusiasmada mientras que juntaba sus manos—. Te prometo que lo que hablemos no saldrá de aquí.

—Muy bien. Tú lo has dicho. Yo ya sabía que Alfonso te iba a pedir salir.

—¿Cómo dices? ¿Por qué?

—Porque el bueno de Alfonso estaba tan enamorado de ti desde el primer momento, que vino aquí varias veces a pedirme consejo sobre cómo declararse ante ti.

—¿De veras?

—Así es, Rosa. Se ve que en cuanto te vio, le tocaste el corazón. Debió ser un flechazo a primera vista y estoy convencido de que sigo vivo porque vuestras miradas se cruzaron. ¿Recuerdas cuando le suplicaste por mi vida?

—Claro, esa terrible escena jamás se me ha borrado de la memoria.

—Creo que ese fue el instante supremo en el que se quedó prendado de esa fuerza que tienes por dentro, de esa belleza que Dios te ha dado. ¡Quién lo iba a decir! ¿Verdad? A veces, un momento traumático puede significar el comienzo de algo muy grande.

—Sí, te entiendo. Llevas toda la razón, Diego. Sea por lo que sea, yo ya te dije la primera vez que ese chico me gustaba. ¡Es tan apuesto, Dios mío! Pero, quién iba a pensar en salir con él después de lo que pasó. No hubiera estado bien, habría sido una locura. Sin embargo, su actitud cambió y por eso mi visión de él también cambió. Por favor, dímelo tú que eres mayor. ¿Estoy acertando con este tema o es que soy una idiota enamoradiza?

—En absoluto, Rosa. Eres una mujer muy guapa y aún más bella por dentro  que simplemente ha conocido a alguien de quien se ha enamorado. Sin embargo, te dirá una cosa.

—Dime lo que sea, porque tú naciste sabio.

—El amor es para los momentos buenos, pero también para los de dificultades. ¿Lo captas? Una vez que superes el romanticismo inicial de esa fuerza arrebatadora que te envuelve, surgirán pruebas y ese será el momento de recordar el mensaje que se recita en las iglesias al casarse. ¿Lo recuerdas?

…continuará…

4 Replies to “ALMAS EN GUERRA (78) Origen de un amor”

    1. Certamente, Cidinha. Além de isso, ele sabe que não vai achar o amor de uma mulher nessa reencarnação. Tudo a seu tempo. Beijos.

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