ALMAS EN GUERRA (75) Doce pasteles

—Sin duda alguna, Rosa. Y repito: en la cena, a pesar de mi fuerte desahogo emocional, me lo pasé de maravilla.

—Ah, mira, ahí está la casa de la señora. Tengo que subir hasta el tercer piso que es donde ella vive.

Tras penetrar ambos en el portal que daba acceso al edificio…

—Pero, ¿qué haces, hombre? ¿Acaso te vas a quedar ahí parado en la entrada?

—¡Ay, no sé! Pensaba que no te gustaría que esa señora nos viese juntos.

—¿Qué dices, Alfonso? Tú eres una persona de la que cualquier chica se sentiría orgullosa de ser acompañada. Ya lo sabes, para nada me incomodaría tu presencia. Venga, sube conmigo. Hemos venido todo el trayecto hablando y ahora, no te vas a quedar ahí esperando como un pasmarote.

—Ah, pues qué bien —manifestó con gesto de felicidad el joven—. Entonces, iremos juntos.

Tras llamar a la puerta de doña Leonor…

—Buenos días, señora. Aquí le traigo su encargo preferido. Espero que resulte de su agrado, como en otras ocasiones.

—¡Ay, mi Rosa, tú siempre tan simpática! Ya sabes que me fallan las fuerzas para bajar y aún más para subir esas malditas escaleras. A mi edad, ya no me atrevo.

—Pues debería usted salir de vez en cuando. Ahora las cosas están más tranquilas y el aire de la calle le puede venir bien. ¿No cree?

—Ya, hija, tienes mucha razón. Bueno, voy a buscar el dinero y te pago.

—Claro, le esperamos aquí.

Segundos después…

—Toma, aquí tienes lo de siempre.

—Muy bien, muchas gracias.

—Por cierto, te veo en muy buena compañía. ¿Es que no me vas a presentar al apuesto caballero? ¿Se trata de un familiar?

—Ah, es verdad. Disculpe mi falta de detalle. Estoy tan acostumbrada a venir a su casa sola que se me ha olvidado por completo. Es un amigo de la familia. Doña Leonor, le presento al señor Alfonso Revenga.

—Mucho gusto, señora.

—Ah, pues me alegro mucho por usted, pero sobre todo por ti, Rosa. Tú ya estás en edad de merecer y sea quien sea este joven, su compañía te hace mucho bien. Te lo aseguro yo, que soy vieja pero no tonta.

—Uy, doña Leonor, vaya cosas que dice usted —reaccionó la chica mientras que sus mejillas se encarnaban a toda velocidad—. Eh, bueno, nosotros nos vamos. Ojalá que sus nietos disfruten de los pasteles también. Que tenga un buen día. Ya nos volveremos a ver la semana que viene. ¿De acuerdo?

—Claro que sí, hija. Encantado, caballero. Disfrutad de la jornada.

Tras abandonar el edificio y salir a la calle a realizar el camino de vuelta a la tienda de ultramarinos, la conversación se reanudó…

—Uf, qué situación más apurada, ¿no lo crees, Alfonso?

—Apurada, ¿por qué?

—Pues está claro, por un momento me he notado como desconcertada.

—¿De veras? Pues yo me he sentido muy a gusto viendo cómo te desenvolvías con ella.

—Ya. Sin embargo y conociéndola, doña Leonor pensará ahora que somos como novios. Es muy mayor y la próxima vez me preguntará sin duda por ti. Además, no creo que tarde mucho en llamar por teléfono a mi madre o a mi tía a casa para comentarle lo sucedido. ¡Vaya que si la conozco!

—Bueno, eso es normal a poco que le gusten los cotilleos y con esa edad, seguro que se aburre más de la cuenta. Y… ¿realmente te incomodaría que esa señora te viese como mi novia?

—Es que solo tengo dieciocho años —respondió con timidez Rosa—. No sé si es demasiado pronto para tener novio.

—Yo no me fijaría tanto en la edad como en la persona que tienes delante —contestó Alfonso con seguridad—. La verdad es que me ha costado mucho trabajo llegar a este momento, te lo juro. Hubiera querido decírtelo antes, Rosa, pero es que no hallaba la ocasión propicia.

—¿Y qué es eso que pretendes decirme? —pregunto la chica con un intenso brillo en sus ojos.

—Pues si a ti no te molesta y esto te lo digo desde el corazón, ¿podría pasarme por tu casa este domingo y recogerte para dar un paseo?

—Ay, Dios mío, ¡recogerme! —expresó la mujer con gesto de nerviosismo.

—Claro, podríamos dar una vuelta por el centro y después acercarnos al parque de María Luisa. Luego, te invitaría a lo que más te apeteciese. Solo si te parece una buena idea.

…continuará…

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