ALMAS EN GUERRA (65) Un pasado de dificultades

—¡Ah, no te preocupes por eso, Carmen! Ya ves que nos tuteamos, como me indicó Diego. Su pregunta es muy apropiada y yo estaré encantado de responderla. Mira, Rosa, no quiero dar una contestación que suene a pretenciosa, pero es que se me da muy bien la mecanografía. Utilizo todos los dedos y eso a la hora de trabajar en una oficina, es fundamental. Si vieses la velocidad a la que se puede pasar un texto sin tener que mirar continuamente las teclas… Como hay mucho que escribir, la labor de un buen mecanógrafo es muy apreciada. Espero haber satisfecho tu curiosidad o en otras palabras, que me hallo bien desempeñando ese nuevo trabajo.

—Pues sí, creo que lo has explicado muy bien —expresó con una sonrisa la joven.

—Rosa, mi amor, ya veo que has probado el vino —dijo Antonia—. Está muy bueno, pero espero que no se te suba a la cabeza. No quiero ser severa contigo, pero bebe con moderación, por favor.

—No lo creo, señora Antonia —expresó Revenga—. Por lo poco que conozco a su sobrina, tengo la impresión de que es una persona muy prudente en sus actos. Seguro que se sabe expresar de forma ecuánime durante toda la noche.

—Se me ocurre una pregunta —expuso la madre de Diego—. Aquí no tenemos demasiada información, ya que pasamos muchas horas inmersas en nuestro trabajo y no salimos mucho, pero tú que dispones de más contactos e influencias… ¿cómo va realmente la guerra?

—Mamá, ahora debo ser yo el que te amoneste. Creo que no es el tema más apropiado para una cena y por supuesto, tampoco la política.

—Por favor, amigo, no hay por qué recriminar la pregunta de tu madre ni pasa absolutamente nada —expresó con tranquilidad Alfonso—. Con sinceridad, creo que las cosas están yendo razonablemente bien para el bando nacional. Al principio, en julio, toda estaba muy confuso. La mitad de España se había unido a la sublevación militar y la otra parte seguía en manos republicanas. Por lo que sé, las tropas del Ejército de Marruecos están avanzando con velocidad. Se ha logrado unir el norte con el sur en Extremadura y como cualquier observador deduciría, ahora lo prioritario es marchar sobre Madrid. Si dentro de unos meses la capital fuese tomada, mi opinión es que la guerra habría terminado. Eso evitaría la destrucción de numerosos recursos, es decir, que España quedase arrasada y lo más importante, impediría que mucha gente muriese a consecuencia de los enfrentamientos. La toma de Madrid facilitaría la reconstrucción y una era de paz. Si todo va como yo creo, pienso que en otoño las cosas estarán más claras y que las posibilidades de que los militares ganen serán muy grandes. Sin embargo, serán unas fechas muy duras. Por ejemplo, no muy lejos de aquí, en Málaga, aún ha resultado imposible expulsar a los rojos. Es cuestión de tiempo, desde luego, pero mucha gente caerá en esa reconquista. En fin, que cuanto más se prolonguen los combates, peor será para la nación porque más personas resultarán muertas y más recursos destruidos.

—Sí, lo he entendido a la perfección —respondió Antonia con seriedad.

—Y vosotros… siempre os habéis dedicado a esta labor de vender alimentos y bebidas, ¿no es así?

—No exactamente —intervino Diego—. Rosa y yo sí, porque este negocio comenzó a funcionar cuando éramos unos críos. El destino nos unió de una manera muy curiosa. Ya sabes que mi tía Carmen es maestra y que su gran pasión son los niños y su educación. Sin embargo, cuando tiene tiempo libre, nos ayuda mucho, ya que vive aquí y contribuye a que todo marche bien. Además, ella hizo algo que no tiene precio: educarnos a mi prima y a mí. Con todo el tiempo que debíamos estar en este trabajo, no hubiéramos dispuesto de la oportunidad de estudiar. Sin embargo, gracias a ella los dos sabemos leer y escribir y por supuesto, hacer cuentas. Sin el manejo de los números, nuestra tarea sería imposible, Alfonso.

—Así es —confirmó Antonia—. Sin embargo, mi marido, desde antes de casarnos ya se dedicaba a las ventas. Se ve que un día se sintió inspirado y que decidió abrir este negocio para ser él su propio jefe y no depender del salario que alguien le pagase. Más de veinte años después, aquí estamos. Hemos logrado sobrevivir gracias a su idea y a nuestro esfuerzo. Ya sabes que al igual que tantas otras familias, las cosas se torcieron a partir del dieciocho, cuando esa maldita gripe se llevó por delante a media ciudad y a media España. Quedaron tantos huérfanos, tantos padres sin hijos, tanta gente viuda… Nosotros no fuimos la excepción y cuando la tienda estaba en expansión, el pobre de mi marido falleció de esas fiebres. Con mi Diego pequeño y sin marido, no sé ni cómo pudimos salir adelante. Al poco, a mi hermana Carmen le ocurrió lo mismo. Su marido fue arrastrado también por la gripe y tuvo la feliz idea de venir a vivir aquí, conmigo, con su Rosa ya nacida. ¡Qué golpe más terrible, qué días vivimos, Dios mío! El estar juntas nos fortaleció y con los críos pequeños redoblamos nuestros esfuerzos por resistir. No teníamos otra opción, sobre todo para que los niños se desarrollaran. Carmen nunca dejó su trabajo como maestra y sus ingresos nos fueron de gran ayuda para aguantar. Luego, después de esa época tan terrible, Diego y Carmen crecieron y empezaron a aprender el negocio. Gracias a Dios, ellos son ahora los cimientos de esta casa. Son jóvenes, pero ya guardan su experiencia, algo que les vendrá de maravilla para el futuro, cuando esta guerra acabe y la ciudad pueda recuperarse.

—Es admirable esa capacidad para soportar tanto sufrimiento. Es digno de mérito haber superado tantas dificultades. Desde mi corazón, espero que continuéis adelante. Os lo merecéis. Me pregunto dónde está el secreto de vuestro éxito.

…continuará…

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