ALMAS EN GUERRA (60) La invitación

—Te decía, Alfonso, a modo de celebración, si algún día podías pasarte por casa y venir a cenar con nosotros. Ya sé que esto no es un restaurante de primera categoría, pero contamos con excelentes materias primas y las manos de tres mujeres que cocinan de maravilla.

—Eso es cierto, primo, mas no olvides que mi madre no es tan experta como la tuya.

—Claro. Eso es atribuible a que Carmen pasa muchas horas fuera con sus clases y sus niños. Mi madre, en cambio, tiene más experiencia en el tema culinario, esa es la verdad, pero eso sí, de no haber sido por mi tía, quizá no sabríamos ni leer ni escribir. Tenemos tanto que agradecerle…

—Pues tienes toda la razón, Diego —contestó con firmeza Rosa—. ¡Qué sería de mí si no pudiera leer libros! Simplemente mi vida sería de otro modo y habría perdido esa gran oportunidad de acceder a la cultura.

—Para ser sincero, Alfonso, mi prima está siendo modesta. Con la edad que tiene, yo creo que sabe más de cocina que mi madre. Y eso es tener mucho mérito, lo que pasa es que a ella no le gusta reconocerlo. No sé lo que vendrá en el futuro, pero por si acaso, ella tendría en ese campo una buena oportunidad de trabajo, lo que no le impediría seguir leyendo que es su gran pasión.

—Bueno, estáis hablando de una manera que me va a ser imposible rechazar esa invitación, Diego. En cualquier caso, me sentiría mejor si lo consultaseis con vuestras madres. No sé yo lo que ellas opinarán de este asunto…

—Pues es verdad, amigo —intervino el joven tendero mientras que se tocaba la barbilla con su mano derecha—. De todas formas, reflexiona por un momento. ¿Crees de veras que yo iba a imponer una decisión al resto de mi familia sin estar convencido de que ellas aceptarían?

—Eh… pues supongo que no.

—Entonces, Alfonso, dime… ¿Te apetecería este viernes venir a cenar a este establecimiento? Mira, una oportunidad como la que tú has tenido y has aprovechado, es decir, romper con una labor que se te estaba haciendo cuesta arriba y optar por otra mucho más llevadera, no surge todos los días. Intuyo que ese tipo nuevo de tarea te alejará de ciertos peligros y supondrá un avance para ti. Qué menos que festejar lo ocurrido, así te quedará en tu memoria una imagen positiva de todo esto.

—Pues claro que sí. Por mi parte no habrá problemas. Acepto tu invitación y espero que sea una noche para compartir vivencias. A pesar de tus dotes intuitivas, me sentiré más tranquilo si buscas el consenso con el resto de mujeres que habitan en la casa. Nada más lejos de mi intención que crear problemas donde no los hay. Sois unas personas muy ocupadas y no me gustaría haceros perder el tiempo ni siquiera alterar vuestra armonía.

—Tranquilo, amigo, ten la seguridad de que estaremos encantados con tu presencia. Ya te dije que siempre serías bienvenido a nuestro hogar. Han pasado muchas cosas en estas últimas fechas, muchas de ellas circunstancias de riesgo. Es justo y sano que nos reunamos para poder contar al mundo que seguimos vivos y juntos. Otros, por desgracia, no podrán decir lo mismo. Hoy en día abunda la separación entre hermanos, el predominio del odio sobre el amor, el distanciamiento y el rencor incluso dentro de las propias familias. Esa cena será una excelente manera de estrechar lazos entre personas.

—Antes de irme, me gustaría confesaros algo aprovechando que también se encuentra Rosa con nosotros.

—Cuenta, cuenta, la sinceridad habla a través de tu mirada.

—Desde el primer día que entré aquí, me sentí cómodo. No quiero exagerar con mis palabras, pero desde el principio percibí un trato diferente, casi como si estuviese en mi propia casa. No engaño a nadie al decir esto, os lo prometo.

—Cómo me alegro de oír ese mensaje —convino Diego.

—Pues así es, amigo. Lo cierto es que he tenido más trato contigo, como es lógico, pero hay algo más… ¿Te acuerdas, Rosa, cuando estuvimos charlando aquel día?

—Ah, sí —respondió la joven con una sonrisa en sus labios—. ¡Cómo olvidarlo! Sería imposible…

—Pues eso, fue un encuentro breve, pero me caíste muy bien y… por eso estaré contento de verte de nuevo en un escenario distinto y además en compañía de tu familia.

—Perfecto. Pues salvo circunstancias imprevistas —dijo Rivera—, quedas convocado a esta casa el próximo viernes para una cena en compañía de amigos. Ya verás lo bien que lo vamos a pasar.

—Muy bien, de acuerdo —expresó Revenga mientras que era incapaz de apartar su mirada de Rosa—. Ya cuento las horas para que transcurra el tiempo y poder coincidir de nuevo. Y ahora os dejo, que aquí siempre hay mucha faena por hacer. Por favor, amigo Rivera, ¿podría darte un abrazo de despedida? Has hecho tanto por mí que me siento muy a gusto en tu presencia.

…continuará…

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