ALMAS EN GUERRA (59) ¿Una nueva España?

—Bueno, si el señor lo desea, uy, perdón, si tú lo prefieres así, por mí no hay inconveniente.

Para suavizar el ambiente, Diego tomó la palabra…

—Prima, Alfonso ha venido precisamente hoy para darnos una noticia positiva. Ahora ya no tendrá que hacer… trabajo… de…

—De campo —añadió Revenga.

—¿Qué significa exactamente eso, amigo? —expuso amablemente Diego.

—Pues eso significa que ya no tendré que patear más las calles de Sevilla, desplazarme tanto, hacer frente a las labores más desagradables. En otras palabras, mi trabajo desde este momento será más burocrático, de oficina, con lo cual evitaré sentir esa incomodidad que últimamente venía notando por dentro.

—Ah, pues si eso te va a permitir vivir mejor, yo me alegraré por ti —respondió Rosa—. Menos mal que el cambio ha sido reciente.

—Y ¿por qué dices eso? —preguntó con gesto de extrañeza el falangista.

—Pero, ¿acaso no lo recuerdas? No hace mucho, dos señores que decían ser de la policía se pasaron por nuestro establecimiento para arrestar a mi madre. Al parecer, no se sabe quién había presentado una denuncia contra ella. En estos tiempos tan calamitosos, creo que hasta un chiquillo sabe lo que significa que te lleven detenida. Confieso que la horrible situación pudo con mi paciencia y claro, perdí los nervios, por lo que también quisieron llevarme a la comisaría. Y en aquellos instantes tan dramáticos, nunca me alegré tanto de ver a una persona que tuvo el precioso don de la oportunidad. En fin, el resto ya lo sabemos. Gracias a tu intervención y jugándote el tipo, “convenciste” a aquellos dos señores para que se fueran de aquí y nos dejaran libres y sin cargos. Digo esto último porque según lo que nos prometiste, tus previsiones se cumplieron y no nos han vuelto a molestar ni a meternos el miedo en el cuerpo. Gracias a Dios y voy a ser optimista, aquel terrible problema se superó.

—Ah, era eso —contestó Alfonso con cara de asombrado ante la argumentada respuesta de la jovencita —. Debió ser un malentendido por parte de esos dos policías. Por eso no han vuelto a aparecer por vuestro domicilio. Es normal que sucedan ese tipo de cosas. Como las tornas han cambiado, se investiga el pasado reciente de algunas personas que de alguna manera han tenido un vínculo significativo con la República o que se sirvieron de esa coyuntura política para cometer desmanes. Al respecto de vuestra familia, creo que todo quedó más que aclarado, por lo que no debéis guardar ninguna inquietud.

—Ojalá que así sea —comentó el tendero—. Solo somos trabajadores que intentamos salir adelante a través de nuestro honrado trabajo. Eso jamás podría ser motivo de conflicto.

—Dices muy bien, amigo Diego. España necesita más que nunca a personas volcadas en su labor, gente concienciada con su compromiso de entrega a la patria. Esa actividad que con dedicación hacéis a diario, nos levantará a todos, porque aunar esfuerzos será la mejor forma de levantar una tierra que quedará devastada tras esta guerra de supervivencia.

—Pero, Alfonso, los que ya se han ido no volverán —dijo Rosa mientras que miraba fijamente a aquel joven.

—Llevas toda la razón, Rosa. Es la deuda que se contrae en un conflicto como este. Además de eso, España necesitaba efectuar una “limpieza” de toda esa gente que con el veneno de su odio nos estaba llevando a la más absoluta ruina. Se ha perdido mucho, cierto, pero más se ganará. Se trata del precio que hay que pagar cuando se desea reconstruir una nación como la nuestra, no desde el tejado sino desde sus propios cimientos. De no ser así, en muy poco tiempo estaríamos de nuevo lanzándonos piedras y arremetiendo los unos contra los otros. Creo que no avanzaríamos nada si permitiésemos que los que nos han guiado a esta desdicha pudiesen escapar sin asumir sus responsabilidades.

De pronto, se produjo un breve pero incómodo silencio. Rosa miró a Diego y Diego le devolvió la mirada. Fue justo la señal que la chica necesitaba para bajar su cabeza y no replicar a las palabras del falangista.

—Bien, si os parece adecuado, no nos perdamos ahora en esos debates. Estaba pensando que la noticia de mi cambio de destino debería ser festejada de alguna manera y por eso estoy cavilando sobre cómo hacerlo.

—Pues yo te diré cómo —respondió Diego mientras que esbozaba una ligera sonrisa.

—Ah ¿sí? Caramba, amigo, yo siempre escucho tus consejos sobre cuestiones profundas. Ahora me sorprendes, pero me encantará oír tu opinión sobre asuntos más mundanos. Oye, Rosa, que parece que tu pensamiento ha huido de aquí. No sabes lo bella persona que es tu primo. Confieso mi admiración por él, sobre todo por sus discursos. Creo que disfrutáis de una gran suerte en la familia por tenerlo como miembro. Desde que le conocí, estoy convencido de que mi situación ha mejorado. ¿Por qué no aceptar la evidencia? ¿No compartes mi criterio de que tu primo es todo un personaje?

—En este caso, coincido plenamente contigo. Dicen que el valor se demuestra ante las dificultades. De no ser por él, prefiero no imaginar en qué situación nos encontraríamos. Siempre con su buena disposición y con su ánimo nos mantiene unidas, a pesar de los problemas. Esta familia es una piña porque él está entre nosotras.

…continuará…

4 Replies to “ALMAS EN GUERRA (59) ¿Una nueva España?”

  1. «—Dices muy bien, amigo Alfonso. España necesita más que nunca a personas volcadas en su labor, gente concienciada con su compromiso de entrega a la patria. Esa actividad que con dedicación hacéis a diario, nos levantará a todos, porque aunar esfuerzos será la mejor forma de levantar una tierra que quedará devastada tras esta guerra de supervivencia.»
    Aqui pela sequencia do dialogo e maneira como fala, parece-me que e Alfonso quem esta falando. Entao «amigo Alfonso» nao esta errado?

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