ALMAS EN GUERRA (53) Tejiendo un plan

—De acuerdo, te entiendo. Perdona que cambie de tema, Diego, pero pensando un poco en mí y de acuerdo a mis aspiraciones, ¿crees que tengo alguna posibilidad con Rosa?

—Buena pregunta, amigo, mas no seré yo quien te conteste a modo de adivino. Es obvio que tendrás que luchar por obtener su amor. Pienso que lo sucedido el otro día, cuando interviniste para salvar las vidas de mi tía y de mi prima, habrá cambiado en ella la imagen que tenía de ti. De todas formas, insisto; sería bueno que ella supiera de tus intenciones hablando directamente con Rosa. Ya eres un hombre hecho y derecho, por lo que esa labor de conquistar su atención te pertenece por completo. Ya no eres un niño que precisa de un adulto para que le guíe junto a su amada. Venga, Alfonso, no me mires así que tienes veinticinco años, que a esa edad mucha gente está ya casada y con hijos. ¿Es que no te das cuenta? Reflexiona, porque ese tipo de decisión nadie la va a tomar por ti. Si hay correspondencia o no, eso yo no lo puedo saber. Está en tu mano dirigirte a mi prima, darte a conocer y conocerla y si lo ves adecuado, revelarle lo que sientes. Digo yo que si no conversáis, que si no os conocéis ¿cómo vais a saber si estáis hechos el uno para el otro?

—Vale, vale, señor “consejero”. He captado bien tu magnífico discurso. En resumen, que no me vas a ayudar.

—Claro que no, sencillamente porque observo que cuentas con las capacidades suficientes para realizar ese trabajo solo. Piensa que así lo disfrutarás más, dándote cuenta de cómo tus acciones producen un buen fruto.

—Maldita sea, si tuviera más tiempo… Esta actividad frenética me está matando…

—Alfonso, medita. Si lo que quieres es tiempo, organízate para conseguirlo.

—Pero ¿cómo?

—Supongo que algo podrás hacer. Si deseas mi opinión, primero, habla con tu padre y haz las paces con él. Si en tu cabeza hay algún asunto íntimo pendiente de resolución, no estarás tranquilo para abordar los temas afectivos. Si le convences con tu proceder y dadas sus influencias, es posible que él mueva sus hilos.

—¿De verdad crees que él haría algo por mí?

—Por supuesto, ¿acaso no has oído hablar de la parábola del hijo pródigo? Pues eso.

—Vaya, siempre tienes una historia a mano para cada situación.

—Sí, son historias, pero llenas de sabiduría y que además, puedes aplicar a tu realidad. Si consigues el apoyo de tu padre, tu día a día va a mejorar y es probable que eso incida positivamente en tu proyecto con Rosa. Por resumir, tendrás que demostrar que la figura de mi prima es lo que más te importa en el mundo.

—Caramba, Diego. He aquí a un comerciante que con sus palabras, me pone entre la espada y la pared, con unas sugerencias que son casi imposibles de rechazar. Eres tan clarividente que me aterra guardar silencio frente a tus indicaciones. Está bien, Rivera. Lo voy a pensar con detenimiento. Hay mucho en juego.

—Eso, piensa, piensa —manifestó el tendero mientras que golpeaba su sien con su dedo índice—. Esa habilidad con la que contamos las personas jamás nos abandona. Es curioso, pero ahora mismo, tú eres hijo único al igual que yo y que mi prima. ¿Casualidad? Te diré algo. ¿Quieres saber por qué los míos están sobreviviendo a toda esta dramática situación?

—Dilo tú.

—Porque permanecemos unidos, muy juntos, apoyándonos los cuatro. ¿Quién sabe si el día de mañana tú formarás parte de nuestra familia?

—Me gusta ese planteamiento. Eso significaría que…

—Claro, los dos sabemos lo que eso implicaría.

—Pues me estás cargando de optimismo para un futuro encuentro con mi admirada Rosa. No sé, a veces tengo tantas dudas… y lo de ayer, el ahorcamiento de ese hombre, resultó tan inexplicable que me ha dejado tocada el alma, llegar a ese extremo es tan inconcebible para mí…

—Sí, son tiempos duros, especialmente para los que han pagado con su vida el afrontar estas circunstancias. En cualquier caso, cada uno debe aportar su granito de arena para tornar esta situación algo más llevadera. La humanidad y la compasión siempre deben acompañarnos salvo que nos convirtamos en criaturas arrastradas por el salvajismo, por unas tendencias primitivas que deberían estar bajo control o ya superadas. Lo que sé ahora es que hiciste algo por mi familia muy importante, lo que denota que el bien vive en ti, amigo. Por favor, no escondas tus virtudes, que son muchas. Cuando hay que hacer frente a situaciones difíciles es cuando más se aprende, cuando más se reflexiona y cuando puede surgir lo mejor o lo peor de cada cual. Se pueden alcanzar conclusiones que muden nuestras vidas. No desaprovechemos todo esto, a pesar de lo terrible que es. Venga, Alfonso, levanta el ánimo y haz lo que tu conciencia te dicte. Será lo mejor. Yo ya me voy que tengo mucha tarea pendiente. No pretendo ser pesado, pero antes de salir de este edificio, te reitero mi agradecimiento. Ya conoces el porqué.

…continuará…

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