ALMAS EN GUERRA (40) Amor platónico

—Curioso y extraño. Te aseguro que las pocas veces que he estado con alguna prostituta no he tenido ningún problema. Llevo todo el día pensando en este asunto que me ha dejado como perturbado. ¿A qué vino esa aparición en el espejo del rostro de tu prima y por qué todo ese interés sexual que tenía decayó de repente?
 
—Creo que está bastante claro, amigo.
 
—¿Sí? Entonces ¿qué interpretación le das tú a ese fenómeno?
 
—Mira, Alfonso, no hace falta ser un experto como para saber que tu enamoramiento idílico de Rosa ha jugado en este caso, en contra de tus impulsos más primitivos. De pronto, cuando estabas en esa casa, te has acordado de ella y al comparar el ideal de lo que para ti representa la figura de mi prima con lo que realmente estaba sucediendo con aquella mujer, pues he ahí la explicación. Digamos que se produjo un horrible desajuste dentro de tu mente entre la relación que a ti te gustaría mantener y la que estabas a punto de consumar. Fue un bonito reto para ti.
 
—¿Un reto? ¿Por qué?
 
—Y ¿por qué no aceptarlo así? Imagina por un momento que te dijesen… “Alfonso, si tuvieses que elegir entre estar con Rosa o yacer con una prostituta, ¿qué preferirías?”.
 
—Yo lo tendría más que claro. Haría lo que fuese por dar un paseo con ella, por mirar sus ojos, por hablarle de este sentimiento que me late por dentro, por contarle lo que siento por ella…
 
—Pues tú mismo te has contestado al desafío de antes. Queda claro que ese amor que desarrollaste por mi prima desde el primer día que la viste es infinitamente superior en ti a la fuerza del instinto sexual.
 
—Sí, es cierto. Es una buena explicación a lo ocurrido. Y hablando de este tema… ¿le has comentado algo a Rosa de mi afecto?
 
—En absoluto, Alfonso. Ya te lo dije el otro día: no pienso desenvolver ningún papel de celestino en esta obra. Ella es joven pero posee su propio criterio. De veras, ¿quién soy yo para intervenir en su corazón? En todo caso, el interesado, que eres tú, debería ser el encargado de mostrarle sus intenciones más íntimas.
 
—Sí, no lo niego, cada uno debe luchar por aquello a lo que aspira, pero… ya quisiera yo tener ese poder para confesarle mis emociones. Sin embargo y para mi desgracia, no puedo olvidarme de lo que pasó aquí mismo aquella lamentable mañana de julio. Ese día fue de ofuscación, me dejé llevar por la pasión más baja, me hice el “valiente” abusando de tu hospitalidad, de tu confianza. No sé ni qué decir, maldigo lo sucedido en esa jornada porque sin saberlo, me gané a pulso el rechazo de Rosa para siempre. No fui consciente del terrible sufrimiento que os estaba causando hasta que me crucé con su mirada. Ella me arrebató de repente mi salvajismo para llevarme hasta el sentido común, dando luz a esa racionalidad que portamos dentro. Fue un instante mágico, el perfecto aliciente para desarmar mi agresividad, para apartar mi egoísmo y aplastar mi orgullo. Eso me dejó prendado de ella y he aquí, a este imbécil que tienes ante tus ojos, que daría lo que fuese para que ella borrase de su memoria esa terrible escena y se aprestase a escuchar mis argumentos. Si pudiese dar marcha atrás… ¡Qué impotencia y qué rabia noto por unos hechos que yo mismo podría haber evitado! Diego, estoy preso de mi pasado más reciente. ¡Ella jamás me perdonará!
 
—¿Quieres saber mi opinión sobre todo esto?
 
—Por supuesto. Me sería de gran ayuda.
 
—Mira, no insistas en infligirte más castigo. No pierdas más tiempo en torturarte. Lo acontecido no puede cambiarse, pero sí puedes empezar un nuevo relato desde hoy mismo. Ya el hecho de hablar sobre ello te está haciendo cicatrizar las heridas que guardas en el alma. Eso dice mucho de ti, de tu potencial, de tu crecimiento como persona que desea reparar unos hechos injustos. Además, resta lo más importante…
 
—Y ¿qué es eso tan importante?
 
—¿Ya lo has olvidado? Te dije no hace mucho que Rosa es un ángel. Y los ángeles perdonan. ¿Sabes por qué hacen eso? Porque saben leer el alma, lo más sagrado que posee una persona, saben de los intereses de los otros, de sus sueños, de sus intenciones… Si ella logra percibir un sincero arrepentimiento en ti, no lo dudes, seguro que consentirá en hablar contigo, en conocerte, lo cual no significa nada de cara a un compromiso posterior, pero eso sí, ya constituiría un gran avance. Si no os conocéis ¿cómo abriríamos la puerta a la esperanza?
 
—¿Estás convencido de eso que has dicho?
 
—Es aplicar el sentido común a una jovencita a la que de veras conozco. Todo lo que sientes por dentro, se multiplicaría por mil en cuanto te cruzases una sola palabra con ella. Insisto, Rosa es una criatura excepcional. Yo me he criado con ella desde niño, aunque sea un poco mayor que ella, pero sus cualidades son infinitas como un cielo repleto de estrellas que brillan y te hacen guiños con su luz.
 
—Oye, ¿sabes una cosa? Tu mensaje me ha animado mucho y hace que no pierda aún la confianza. Soñar es gratis y tú me invitas a ello. No quiero marearte más con mis preguntas recurrentes pero, ¿piensas que tengo al menos una posibilidad entre mil de que ella me escuche?
 
 
…continuará…
 
 
 

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