ALMAS EN GUERRA (29) ¿Arrepentimiento?

—¡Parece increíble lo reflejado en el sueño, pero la verdad es que sucedió realmente! Ahora llega la hora de extraer conclusiones sobre su significado, sobre nosotros, que somos los actores de esa escena. Por eso estas aquí, porque los datos aparecidos son lo suficientemente importantes como para que requieras mi ayuda. Si hubiera resultado una experiencia difusa, igual ni te acordarías o bien los recuerdos serían vagos, imprecisos, pero por tu forma de relatarlo, se trata de un hecho vívido que incluye múltiples detalles. Desde luego que es para tomárselo en serio.

—¿De veras? ¿Es eso lo que piensas?

—Pues claro que sí. Estudia la historia, Alfonso. A lo largo de la misma han existido innumerables casos de sueños prodigiosos, de advertencias o consejos recibidos que han cambiado el curso de las cosas, de un grupo de personas o incluso de toda una civilización. ¿Acaso no has oído hablar del sueño del emperador romano Constantino antes de la batalla del puente Milvio? Eso decidió la suerte del cristianismo. ¿Y los sueños de José que reveló al Faraón Ramsés II? Vienen en la Biblia… Y, ¿qué me dices de  Descartes? Varios de sus sueños fueron la base para la elaboración de sus  teorías en álgebra, física y matemáticas. Se comenta que Napoleón tenía la  facultad de adelantarse a los acontecimientos gracias a las informaciones que  recibía en sueños. Hasta el mismo Abraham Lincoln, presidente de los Estados  Unidos, soñó que entraba en la Casa Blanca y veía un cadáver amortajado y  custodiado por varios soldados. Luego de preguntarle a un soldado por quién  había muerto, este le respondió que el presidente había sido asesinado. Lincoln murió días más tarde asesinado de un disparo, mientras veía una obra de teatro… ¿Lo comprendes?

—Caramba, Diego, ¿cómo es que sabes tanto de ese fenómeno?

—Me encanta ese mundo onírico, misterioso, que a menudo nos aporta informaciones valiosas de por dónde discurren nuestros caminos. Ya sé que son solo ejemplos, pero pretendía mostrarte la trascendencia de los mismos. Por eso, no hay que subestimar la influencia de lo soñado sobre nuestras vidas.

—Ahora que lo comentas, recuerdo cómo los curas me explicaban en la escuela la repercusión del sueño de Constantino con su famosa frase “In hoc signo vinces” y que al parecer le sirvió para derrotar a su rival, Majencio. ¿Te imaginas cómo se hubiera alterado la historia de Europa si esa batalla la hubiera ganado su enemigo? A partir de ese decisivo hecho fue cuando Roma permitió el culto de los cristianos y les liberó de sus terribles persecuciones. Hmmm… estoy pensando una cosa, Diego. ¿Es posible que Rosa esté  escuchando nuestra conversación?

—No lo creo, estate tranquilo. Hay distancia desde aquí a la entrada y los muros de esta casa son gruesos. Lo que aquí se hable aquí se quedará. Tienes mi palabra.

—Dios mío, cuanto más te miro y más te escucho, más me avergüenzo de la escena del otro día. ¿Qué me está pasando? Estoy fastidiado por dentro; tengo ahora mismo la culpabilidad de un crío que ha hecho algo malo y va a ser regañado por su madre. Y eso que ya me he enfrentado a situaciones complejas.

—Expresa lo que sientas con calma. Es la mejor manera de que te liberes de ese peso que a menudo nos producen nuestras actuaciones. Con tu regreso aquí y tu revelación sincera, te has ganado el derecho a desahogarte. Si te soy franco, no me imaginaba que acudirías a la tienda a pedirme disculpas. Hubiera resultado impensable. Y sin embargo, ya ves, estás aquí. Yo también me contemplo emocionado. Este tipo de escena no ocurre todos los días.

—Muy bien, Diego. Retiro entonces esa expresión desafortunada de “equidistante”, tal y como te califiqué nada más conocerte. Fue una manera cruel de despreciar a alguien que simplemente no comparte mis planteamientos sobre la situación actual.

—Uf, ya ni me acordaba de eso.

—Verás, estamos viviendo momentos difíciles y a la vez, trascendentales. Aquí en Sevilla ha triunfado el levantamiento nacional. Sin embargo, me pregunto por lo que habría pasado si hubiese sido al revés. ¿Eres consciente de lo que hubiera sucedido si la sublevación del general Queipo de Llano no hubiese triunfado?

Un corto pero significativo silencio se prolongó durante unos segundos en aquel patio interior de la casa rodeado de plantas y flores…

—No lo sé, Alfonso. El futuro no es algo que esté escrito en un libro y que se abre para consultarlo.

—Mira, muchos nos critican ferozmente por nuestra reacción. No obstante, ya te digo yo lo que habría pasado. Es muy sencillo de explicar y hasta de entender: nos habrían masacrado. ¿No te das cuenta de lo que aconteció en Madrid o en Barcelona? Esos desgraciados republicanos no tuvieron piedad de ninguno de nuestros compañeros de ideal. Todos fueron pasados por las armas o encarcelados.

—O sea, lo mismo que en Sevilla pero en sentido contrario —argumentó Diego—. La maldad humana no tiene fronteras que la limiten ni campos donde surgir porque mora en su propio corazón, en el interior de la persona.

—También te anuncio otra cosa. Esta guerra acaba de empezar y su proceso será largo y penoso, como todos los conflictos armados. Por eso digo que nadie podría firmar sobre un papel cómo terminará todo esto. Imagina que los rojos se hacen con la ayuda internacional, que los bolcheviques de Rusia se plantan aquí viajando en ciertos de barcos para desembarcar en España o que las democracias europeas se ponen sentimentales y comienzan a financiar a la causa de la República con fuertes sumas de dinero que les permite comprar tanques y aviones.

—Discúlpame, pero no tengo la cabeza para ese tipo de cálculos tan complicado.

…continuará…

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *