ALMAS EN GUERRA (26) Embrujo en la tienda

 

—Sí, señorito, es verdad, pero esta familia solo trata de sobrevivir y es a lo que aspiramos apoyándonos unos a otros. Cada noche le pido a Dios que esta tienda continúe abierta y que funcione bien porque es lo único que tenemos.

—Claro, lo entiendo. Ya verá cómo al final este negocio avanza y supera estos tiempos difíciles que atravesamos. Perdone, pero como es usted más joven que yo y si no le importa, la tutearé.

—Por supuesto, señorito, si así lo estima, por mí no hay inconveniente.

—Entonces, si no me equivoco, tú eres la prima de Diego… qué casualidad… fíjate, al verte aquí el primer día que fuiste a por las bebidas pensé que eras tan solo una empleada contratada. Sin embargo, ya veo que aquí sois todos familia y que formáis una piña.

—Así es. Mi tío y mi padre murieron cuando la gripe. Yo era por entonces una cría y por fortuna, no me daba cuenta de nada. Mejor así, no me hubiera gustado ver la marcha de dos personas tan importantes. Eso sí, creo que el hecho de perderles tan pronto nos hizo más fuertes.

—Claro, qué fatalidad. Cuánto lo siento. Veamos, pongamos orden. Entonces… tú eres Rosa y tu madre es…

—Es que ellas son hermanas, quiero decir, por una parte está mi tía Antonia que fue la persona que le atendió hace un momento y luego está mi madre que se llama Carmen… pero que no se encuentra aquí en estos momentos, se lo juro.

—Tranquila, Carmen, por favor. Esto no es un interrogatorio, se trata sencillamente de una conversación amable entre un hombre y una señorita. Bueno, ya me he aclarado y ahora ya lo entiendo: tú y Diego sois primos carnales.

—Exacto.

—Solo me faltaría conocer a tu madre que por lo que sé es maestra. ¿No es así?

—Sí, señorito —afirmó la joven mientras que tragaba saliva con dificultad—. No se halla aquí porque en verano, al estar de vacaciones, aprovecha las horas para dar clases particulares a algunos niños que han tenido problemas durante el curso. Mi madre es muy bondadosa y a veces, hace visitas a sus alumnos simplemente para verlos o para charlar un rato con sus padres. No le gusta abandonar a aquellos niños que han tenido más dificultades a lo largo del curso.

—Caramba, pues sí que se toma ella en serio su trabajo. Con gente tan involucrada en su labor, esta nación caminaría con paso firme hacia su futuro.

—El señorito tiene toda la razón.

—Si no te molesta, tengo una pregunta más. Verás, desde la distancia se te notan unos modales muy amables, un refinamiento poco habitual entre las personas que están encargadas de una tienda. ¿Puedo saber a qué se debe?

—Realmente, yo no me doy cuenta de eso pero si usted lo dice, es que debe ser un elogio.

—Claro que es un elogio, hay mucho bruto por ahí suelto. Por desgracia, los sujetos educados no abundan.

—Sí, es posible. De todas formas y si le sirve de explicación, mi madre siempre ha sido muy estricta con ese tema y nos ha educado muy bien, no solo en conocimientos sino también en la manera de tratar con los demás.

—¿Has dicho “nos ha educado”? ¿A qué te refieres?

—Ah, disculpe por mi despiste. Pensé que el señorito ya lo imaginaba. Como llevamos muchos años viviendo aquí juntos, Diego y yo somos como hermanos y la educación que nos ha dado mi madre ha resultado compartida. Mi primo ha sido como otro hijo para ella. Sabemos leer y escribir perfectamente y más cosas. Incluso ahora y a nuestra edad, mi madre nos corrige a ambos y de vez en cuando nos da lecciones aunque sea en un tono informal, claro, no vamos a sentarnos en un pupitre mientras la escuchamos. Ya no somos niños…

De pronto se hizo un silencio en el interior de Rosa. Le bastaron unos segundos como para pensar que tal vez le estaba aportando demasiada información a aquel extraño, un hombre que pese a la amabilidad que
estaba demostrando en aquella mañana veraniega se había comportado como un salvaje no hacía mucho. Un escalofrío recorrió el cuerpo de la muchacha y sin embargo, apreció cómo cada vez se notaba más relajada en presencia del  falangista. Estaba siendo cordial con Alfonso y él con ella. La conversación no  estaba transcurriendo por los derroteros de incomodidad que imaginaba al  principio, sino justo lo contrario. Sin saber por qué, lo cierto es que Rosa empezó a sentirse en un ambiente cada vez más y más confortable…

—Pues es muy interesante todo eso que cuentas de ti y de tu familia —expresó Revenga con una amplia sonrisa en su rostro.

Contagiada por una extraña magia que flotaba en la atmósfera de la tienda, la joven prosiguió amablemente con la charla…

—De todas formas, Diego es más inteligente que yo. No podría decir el motivo pero creo que él aprovechó mejor todo el conocimiento que mi madre le transmitió. Claro, es que él es algo mayor que yo y después, está el tema de la responsabilidad que implica el dirigir el negocio y todo eso. Si le soy sincera, creo que sin la labor de mi primo no habríamos salido adelante. Tiene mucho mérito y es una gran persona, generoso donde los haya. Fíjese que él es incapaz de negar un favor, una ayuda a quien la precise; le aseguro que lo del amor al prójimo lo cumple a rajatabla.

—Desde luego. Me di cuenta de eso la primera vez que aparecí por aquí y me llevé unos bocadillos que él había preparado. La verdad es que da gusto tratar con gente tan buena.

…continuará…

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *