ALMAS EN GUERRA (21) Intransigencia en la noche

—Lo cierto es que podría saberlo por mi propia cuenta, pero la verdad, preferiría que esa información me la dieras tú directamente.

—¿Ves estos papeles? —comentó Alfonso mientras gruñía para sí—. Desde la sede de mi partido me han pasado información sobre posibles objetivos.

—¡Ah, objetivos! Y ¿qué se supone que debes hacer con esos objetivos?

—Ya veo que no estás al corriente de la situación. Por si no lo sabías, España está en guerra. Nos jugamos mucho, incluida la supervivencia de la propia nación. Ya te habrás dado cuenta que hay un número de sujetos que son enemigos de la patria y que por tanto, desean en sus adentros la destrucción de su valor histórico. No podemos ni debemos abandonar nuestro pasado, nuestras tradiciones, aquello que nos identifica ante las potencias extranjeras y como pueblo. En definitiva, tenemos que luchar hasta donde haga falta pese a que eso suponga grandes sacrificios.

—Caramba, cuánto adorno para explicar algo que resulta más sencillo…

—¿Qué pasa? ¿Acaso han prohibido los discursos a aquellos que amamos España? Desde esa perspectiva, existe un conjunto de personas que la Falange considera como peligrosas, gente que por sus ideas o por su comportamiento tendencioso en el pasado pueden comprometer la eficacia de esta lucha que hemos debido iniciar para cambiar nuestro destino como españoles. En esta delicada situación, no podemos andar con contemplaciones. Hay que actuar de forma radical para extirpar el mal de raíz o la planta del comunismo, del separatismo y de la anarquía rebrotará de nuevo con las consecuencias que ya se han visto. Creo que te lo he explicado todo, forastero. Estamos en Sevilla, a la cual hemos arrancado de las manos que antes la desangraban. No habrá piedad con los enemigos de la patria ni con todos aquellos que nos odian. Es época de ser tajante. O ellos o nosotros. O nos dejamos pisotear o les eliminamos de la faz de esta sagrada tierra.

—Todo eso que has dicho suena muy radical, la verdad.

—¿Radical? En absoluto. Si pretendemos vencer en las trincheras, hay que dejar bien segura la posición de retaguardia. Nuestro Ejército de África luchará en todos los frentes y arrasará con todos esos rojos traidores. Sin embargo, nuestra misión no es menos importante. Nuestra labor, a veces oscura, será reconocida tarde o temprano por los dirigentes del nuevo estado que habrá de emerger, una vez acabado el conflicto con nuestra rotunda victoria. Además, ya no es una cuestión de cumplimentar unas órdenes sino de convicciones. Yo hago todo esto por mis principios, porque estoy convencido de que hay que barrer a todos los que se opongan a nuestros objetivos. Si permaneciésemos  pasivos, nuestros enemigos nos aplastarían.

—¿Enemigos? ¿A quién llamas enemigo?

—¿Eres corto de mente o necesitas la luz del día para cavilar bien? —preguntó Revenga con ironía—. Ya te he dicho que son todos aquellos que puedan impedir el éxito de nuestra bendita misión, o sea, crea una nueva nación a salvo de comunistas y revolucionarios. ¿Tan difícil es de entender?

—¿Te refieres acaso al asesinato de los que no piensan exactamente como tú?

—Ja, ja, ja… pues sí, pero yo no me doy tanta importancia. No se trata de que se opongan a mí sino a la meta que tiene asignada tanto el Ejército como la Falange, es decir, la gente de bien. Es que ya no podía tolerarse ni por un minuto más el desgobierno y el desorden que existían. Llegó la hora de que esos desgraciados pagasen por sus crímenes anteriores, por llevar a todo un pueblo a la ruina y a la confusión.

—Veamos. ¿Recuerdas lo sucedido esta mañana? —expuso con calma Santiago.

—¿A qué te refieres en concreto?

—Pues de la escena que montaste en compañía de tus amigos en la tienda de ultramarinos.

—¡Ah, pues claro! Había que darle un pequeño aviso al “equidistante”. En verdad, él desea pasar desapercibido para protegerse y al mismo tiempo para salvar a su familia, o sea, lo que haría cualquier ser con un mínimo de sentido común; pero lo cierto es que aparecía en una lista de sospechosos porque resulta que tiene a una tía que es maestra, pero mira por dónde, a esa mujer no se la ha relacionado con ningún tipo de actividad susceptible de ser perseguida, por ahora. Sin embargo, si se produce alguna denuncia contra ella por parte de algún ciudadano, habrá que interrogarla ¿Lo comprendes? No sé ya cómo explicártelo, pero todo aquello que guarde un vínculo con las odiosas actitudes de los republicanos, de los sindicatos o de los anarquistas, todo eso ha de ser investigado para depurar las oportunas responsabilidades.

—Entonces, ¿te molesta la actitud de ese joven al que tú catalogas como equidistante, simplemente porque lo único que quiere es sobrevivir a estos tiempos turbulentos y sacar adelante a los suyos?

—¡Eh, eh, para ya de fastidiar, “consejero”! Yo tan solo me he limitado a cumplir órdenes.

—Ya veo que cumples las órdenes muy a gusto, sobre todo porque te sientes realmente encantado con las instrucciones que recibes.

—¿Qué quieres decir? No sé ni por qué te estoy escuchando. He de repasar la lista de la gente a la que mañana habremos de visitar. Te he atendido porque tu aspecto es el de un hombre ilustrado. Además, tu presencia me ha recordado la famosa frase que mi padre me cita una y mil veces, esa que me dice siempre que puede: “acércate a las personas sabias y sigue su ejemplo”.

…continuará…

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