ALMAS EN GUERRA (15) Una vida en peligro

—Pero ¿qué es eso? —exclamó asombrado Diego—. ¿Acaso se trata de una declaración que te has aprendido de memoria como si fueses un crío que se estudia la tabla de multiplicar?

—¡Eh, demuestra más respeto por lo que has oído! No eres tan culto como parecías el otro día. Se trata del primer punto inicial de la constitución de Falange Española en 1933.

—Yo solo conozco una empresa espiritual para el mundo y esa es la empresa del amor.

—¿Qué? ¿Te estás riendo de mí en mi misma cara? O sea, yo aquí, recordando el glorioso ideario de mi partido por el que me juego la vida cada jornada y tú, mofándote por dentro. Eres un perro y como tal te voy a tratar.

—¿Cómo dices? ¿Has perdido la razón? —expresó con gesto de absoluta sorpresa el tendero.

—¡Te digo que dejes todo lo que estés haciendo y que te vengas conmigo! —expuso Alfonso mientras apuntaba al otro joven con su fusil.

De repente, la situación no pudo ponerse más tensa. Frente a frente y como a unos dos metros de distancia del otro hombre, Diego levantó sus brazos de manera instintiva y dejó de preparar aquellos bocadillos que ya estaban casi listos.

—Por favor, ¿qué se supone que debo hacer ahora? —preguntó en voz baja el comerciante.

—¡Claro! Ahora me hablas con otro tono. ¡Qué listo! Ven conmigo que vas a recibir la mejor lección de tu vida. Así aprenderás a respetar al prójimo.

—Pero Dios mío, ¡si no he hecho nada!

—Cállate y sepárate del mostrador. No me extrañaría que tuvieses ahí guardada cualquier arma para defenderte. Las alimañas se protegen como sea cuando saben que van a morir. ¡Las manos bien a la vista, anda!

Siendo encañonado el joven, el falangista le hizo un gesto claro para que caminase hacia el exterior, donde estaban sus otros tres compañeros.

—¡Eh, prestad atención y mirad a quién os traigo, camaradas! —gritó Alfonso—. Al parecer, este tiene dudas acerca de que nuestra acción sea la adecuada para esta España amenazada por la turba de rojos y separatistas. ¡Eh, tú, mantén los brazos arriba y junta tus manos en la nuca! Cuidadito con las confianzas o te arrepentirás.

Lo que parecía una conversación de lo más normal entre aquellos dos hombres había degenerado con rapidez hacia una coyuntura de la máxima gravedad donde la vida de una persona corría un serio peligro, simplemente porque el falangista se había sentido ofendido con las palabras salidas de la boca de Diego.

—¡Atención! —mandó Alfonso—. ¡A formar! Camarada Manuel, camarada Francisco y camarada Luis, todos en posición!

—¡A tus órdenes, camarada Alfonso! —exclamaron al unísono los otros tres falangistas.

—Cargad vuestros fusiles con el cartucho especial que empleamos precisamente con los más izquierdistas.

Así lo fueron haciendo de manera parsimoniosa los tres hombres, con una lentitud tal que parecía que se estaban recreando con la angustia de un humilde tendero que en breve diría adiós a su existencia.

—¿Qué, “equidistante”? ¿Preparado para morir, para abrazar a Dios? Aunque creo que a los de tu calaña no les recibirá ni Dios, como es lógico, lo mismo que ocurrirá con los cobardes, los comunistas o los anarquistas.

—Pero si yo creo en Dios —acertó a balbucear Diego en medio de aquella dramática situación tan inesperada como brutal.

Mientras que los otros tres individuos terminaban por poner a punto sus fusiles, el tiempo se detuvo en la mente del joven comerciante que apretando sus dientes y cerrando sus ojos se encomendó al Creador al tiempo que llamaba a Santiago…

—Santiago, por Dios. ¿Aquí terminan mis días en este planeta y mi misión? Y yo que creía que acababa de comenzar… y ahora que lo compruebo, me temo que nuestro “amigo” ha venido a eliminar directamente a quien estaba destinado a ayudarle. ¿No tienes nada que comentarme al respecto? Dime algo, Santiago o me volveré loco.

—Tranquilo, hermano. No hace falta que pierdas el juicio sino que lo mantengas despierto —respondió el espíritu que siempre acompañaba a Diego.

—¿Cómo dices?

—Esto es una gran prueba para ti. No tengas miedo y sé fuerte. Si tienes fe en la voluntad divina, todo se arreglará. Tu escalera posee aún muchos peldaños por subir. En cualquier caso, piensa en que tu objetivo y por el que descendiste aquí era precisamente amar. Fortaleza es todo cuanto puedo decirte, hermano.

—Que así sea, pero creo que esto habrá sido un fracaso. No ha sido mi voluntad sino la de Alfonso la que ha provocado esto. Que Dios me perdone si no he sabido enfocar este asunto de otra manera.

—Fe, Diego, siempre fe…

Lo que aparentaba ser un diálogo de minutos duró apenas unos segundos en la realidad del resto de participantes. De nuevo, el vozarrón del Alfonso interrumpió aquella breve escapada del mundo físico protagonizada por Diego, el cual estaba convencido de que abandonaría su misión sin que hubiese percibido ningún avance. En su espíritu, solo había recuerdos para su extraordinaria familia, esas almas que tanto amor le habían ofrecido en aquellos veintidós años que llevaba unido a la carne… su tía Carmen, la maestra, que le había educado y enseñado tantas y tantas cosas, su prima Rosa, con la que mantenía un vínculo singular de afecto más allá de la existencia material y su madre, Antonia, que le había parido y tanto le había dado, incluso un trabajo de responsabilidad.

…continuará…

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