ALMAS EN GUERRA (14) Buscando maestros

—Ah, con respecto a tu anterior pregunta, te diré que hemos venido a estas casas cercanas en busca de maestros. Ese es el objetivo de hoy y puede que de las siguientes jornadas.

—¿Maestros?

—Sí, claro; he dicho “maestros”. No te sorprendas tanto, Rivera. ¡Oye, te ha cambiado el color de la cara! Tal vez desconocías que esos “profesionales” de la enseñanza son los que más han enturbiado la vida pública con sus discursos de odio republicanos, marxistas o incluso anarquistas.

—Ah, vale, pues no tenía ni la menor idea de eso. ¿De veras que hablas en serio?

—Completamente en serio. No sabes el veneno que esa gentuza ha echado por su boca. Y ¿sabes cuál es su peor delito? No me refiero ya a sus disertaciones, ni siquiera de su defensa a ultranza del régimen que les daba de comer. No, no. Hablo sencillamente de que los muy desgraciados se aprovechaban de la inocencia de los pobres niños, de su candidez, para lavarles el pensamiento y hacerle partícipes de sus mensajes izquierdistas y
prorrevolucionarios…

—¿Eso es lo que hacían en sus clases? Lo ignoraba…

—Tenlo por seguro, Diego. Eso es lo más horrible. Dedicar su tiempo a insuflarle consignas a sus alumnos, a inocularles el virus del odio contra ya quien sabemos… los patronos, la gente de orden, los jueces, los militares… No puedo generalizar, claro, pero mucho me temo que la mayoría de ellos estaban influenciados por los vientos de rebeldía y del comunismo.

—Caramba, pues eso os ha debido exigir una profunda investigación. Y a todo esto, ¿qué quieres que te prepare? ¿Lo mismo que la última vez?

—Sí, estaría bien. Repetiremos el mismo “menú”. Oye, tu apellido exacto era Rivera, ¿verdad?

—Exacto, Diego Rivera; ya te lo dije el otro día.

—Bien. Y te pregunto, ¿tú conocerás por casualidad a algún maestro que sea cliente tuyo o simplemente que viva por aquí cerca? Verás, continuamente recibimos información sobre ese asunto y como es lógico, nos gusta que las personas de bien colaboren con nosotros. La cooperación siempre facilita el trabajo, eso está más que demostrado.

—Hmmm… déjame pensar, había uno que solía venir a los ultramarinos pero si no recuerdo mal, el año pasado le cambiaron el destino y se fue lejos de aquí, aunque no sé a qué ciudad. Por lo demás, no tengo a nadie más en la memoria.

—Claro, te entiendo. Y yo, sin conocerte, debería fiarme de ti —expuso el falangista mientras miraba a los ojos del tendero de manera desafiante.

—Bueno, perdona, pero tú eras el que estabas preguntando. ¿Qué pretendes, Alfonso? ¿Quieres que me invente una respuesta para satisfacer tus oídos? ¿Esperas que realice una denuncia falsa? Eso sería una gran cobardía por mi parte y yo no soy así… Un momento, que voy a buscar el pan y el relleno. Dame un minuto y ahora seguimos hablando.

—De acuerdo, «señor Rivera»…

Mientras que Diego hacía como que rebuscaba en un cajón buscando un cuchillo para cortar el pan, miró hacia la trastienda y le hizo un gesto a Rosa muy significativo. Tras unos segundos de tensa espera, retornó al mostrador donde le esperaba Alfonso.

—Oye, has tardado más de la cuenta. El otro día te mostrabas más rápido…

—Claro, es que no tengo el mismo tipo de pan y estaba pensando si este sería de tu agrado. Tenemos algunos problemas con los suministros. Ya sabes, esta situación actual no favorece precisamente el intercambio comercial. ¿Qué te parece este?

—Vale. Tiene buen aspecto. Usa ese para hacer los bocadillos. Oye, chico, qué mala pinta tienes. Estás blanco… ¿Qué? ¿Te has quedado sin sangre en tu cara? O, espera un momento… ¿no será que te están incomodando algunas preguntas que te he hecho? Verás, te explicaré algo. Ahora, nosotros somos la autoridad. El excelentísimo general Queipo de Llano ha delegado en nosotros las competencias para restablecer el orden en Sevilla y acabar con los enemigos de España. En otras palabras, hay que imponer por los métodos que sean la nueva legalidad.

—¿”Legalidad”?

—Por supuesto, no te sorprendas. La legalidad que ahora rige es la militar y esta se encuentra al servicio del nuevo orden y de los nuevos españoles, es decir, de aquellos que con el sacrificio y el sudor de sus manos apoyarán a nuestro ejército para formar otra nación bien diferente a la que hemos tenido. Nosotros, como buenos falangistas, seremos el cimiento político sobre el que se asiente esta bendita tierra llamada España. ¿Sabes quién es José Antonio Primo de Rivera?

—He oído hablar de él, pero creo haberte dicho que la política no me interesa.

—Pues tarde o temprano, habrás de interesarte, lo quieras o no, porque la acción política que nosotros desempeñaremos lo impregnará todo. Escúchame con atención, Rivera y memoriza… “España no es un territorio. Ni un agregado de hombres y mujeres; España es, ante todo, una unidad de destino; una realidad histórica; una entidad, verdadera en sí misma, que supo cumplir y aún tendrá que cumplir, misiones universales. Por lo tanto, España existe: como algo distinto a cada uno de los individuos y de las clases y de los grupos que la integran y como algo superior a cada uno de esos individuos, clases y grupos, y aún al conjunto de todos ellos. Luego España, que existe como realidad distinta y superior, ha de tener sus fines propios. Son esos fines: la permanencia en su unidad, el resurgimiento de su vitalidad interna y la participación, con voz preeminente, en las empresas espirituales del mundo”.

…continuará…

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *