ALMAS EN GUERRA (3) Conociendo a Alfonso

 —Gracias, maestro Bernard. Entonces, querido Diego, voy a informarte sobre lo que nos espera. Cuantos más datos tengamos, mejor. Así nos sentiremos más preparados para enfrentar esta delicada misión que nos va a ocupar durante los próximos años. Sabes que por nuestra responsabilidad, nuestra preocupación fundamental en Nueva Europa es amparar y proteger a los habitantes del planeta Tierra que por diversos motivos, afrontan numerosas pruebas mientras que habitan allí. Hace unos años encarnó un espíritu tortuoso y afligido en la ciudad española de Sevilla. Tú conoces bien esa región porque varias de tus existencias transcurrieron allí. Ese fue un buen motivo para elegirte, ya que guardas numerosos recuerdos del ambiente y del clima de relaciones humanas entre los moradores de aquella zona.

—Es cierto, hermano Santiago —reconoció Diego mientras asentía con su cabeza—. Si he de viajar hasta allí, para mí resultará más fácil adaptarme a las vicisitudes que ocurran.

—No lo dudo, amigo. No obstante, te prevengo, pues esta vez será muy distinto. Y no lo digo por el objetivo final, que siempre es la obtención del bien a través de nuestra asistencia a los hermanos, sino por el entorno en el que habrás de desarrollar tu cometido. Lamentablemente y como el maestro también te confirmará, ese país se encamina hacia un conflicto sangriento que habrá de remover hasta la médula la conciencia de todos sus habitantes.

—¿Me estás hablando de la posibilidad de una futura guerra?

—En efecto, Diego —intervino Bernard—. Un gran sufrimiento deberá ser soportado por las almas de ese país. Lo peor de todo será la brutal lucha que se desarrollará entre amigos, vecinos e incluso miembros de una misma familia. La violencia se desatará por doquier y el respeto se perderá, lo que producirá en buena parte de ellos un gran dolor, unas heridas que no serán fáciles de restañar. Ya ves que el escenario no será nada cómodo.

—Así es, maestro —indicó Santiago—. Esos conflictos no provienen de la nada sino que salen a la luz después de años de enquistamiento. Cuando el egoísmo es elevado y se aferra al alma de los seres, estas cosas acaban por suceder. Digamos que constituye el efecto principal de ese orgullo que no entiende de diálogos ni de manos tendidas sino de imposición y crueldad desmedida para con el otro. Por desgracia, la ignorancia de muchos les hace creer que acabando con la vida física del enemigo, los problemas se resuelven… Sabemos que no es así y que esos actos dejan secuelas que perviven por siglos enteros.

—Sí, ya veo que la coyuntura será cuando menos complicada… —expuso pensativo Diego.

—Bien —prosiguió Santiago—, nosotros nos vamos a encargar en concreto de un joven que ahora es solo un crío pero con el que coincidirás a su debido tiempo.

—¿Cómo se llama ese niño?

—Su nombre es Alfonso Revenga. Te aportaré datos sobre él para que desde este instante lo vayas conociendo mejor. Vino al mundo en una familia “acomodada” de Sevilla. Su padre ejerce funciones de juez y cuando el pequeño crezca, no le faltarán oportunidades para estudiar y formarse intelectualmente. Otra cosa será lo que él haga con todas esas “facilidades” que se le van a dar. Su libre albedrío determinará su futuro, lo que hacer dentro de esas circunstancias en las que ha sido ubicado. Mira, cuando se confeccionó su “programación” para esta existencia que acaba de empezar, él nos rogó para obtener unas favorables condiciones con el objeto de avanzar.

—Dime, Santiago ¿cuáles eran esas condiciones que solicitó nuestro hermano?

—Ser situado dentro de un ambiente en el que no tuviese dificultades económicas ni pasase necesidad, a fin de emplear esa “comodidad” para invertir más tiempo en su propio avance. Según nos comentaba, sus últimas encarnaciones se vieron afectadas por unas condiciones de miseria y de pocos recursos que según él, le “condicionaron” gravemente a la hora de cumplir con sus objetivos evolutivos. Su afirmación, evidentemente, resultaba discutible, pues ya sabes que nos esmeramos en colocar a los individuos no en cualquier circunstancia sino en las idóneas, aquellas que justamente precisa para continuar con su proceso de desarrollo. Sin embargo, como él insistió mucho y respetando de forma escrupulosa las leyes de causas y efectos, se le “permitió” nacer en esa familia con cuyos miembros también tenía vínculos del pasado.

—Desde luego, amigo Santiago. ¡Qué bien diferentes se contemplan las cosas desde este plano! Está claro que la “carne” condiciona a las personas una vez que vuelven al plano físico.

—Efectivamente, Diego. Fue así como acorde a las condiciones del afectado, se acordó emplazarle en unas condiciones digamos que de “desahogo material”. Él nos repitió muchas veces que se sentía agradecido y que eso contribuiría de manera decisiva a “recuperarse” de los errores del pasado y a avanzar a paso más rápido. Una vez autorizada la operación, se lo explicamos justo antes de ser “conducido” a la esfera material. Alfonso se sintió aliviado con la resolución. Todos pensábamos que era lo mejor para él. Fue una forma de demostrarle que estábamos dispuestos a colaborar con sus deseos de progreso pero contando asimismo con su voluntad para hacer un buen uso de esas “comodidades”.

—Por lo que me cuentas —añadió Diego—, mucho me temo que ese espíritu lleva bastante tiempo estancado y que no acaba por arrancar con paso decidido en su camino inmortal.

—Tú lo has dicho, hermano. Tomando en cuenta el recuerdo de sus últimas experiencias, relatadas por él como muy difíciles, Alfonso se hallaba muy ilusionado por afrontar este nuevo reto con la presencia de esos factores que él consideraba como “ventajas”.

—La verdad, Santiago, es que existen algunos compañeros que de cara a su próxima encarnación, se obsesionan con la idea de que unas buenas condiciones materiales de inicio pueden resultar suficientes para acelerar su progreso.

…continuará…

 

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