ALMAS EN GUERRA (2) Conversación en las alturas

 

Colonia Espiritual Nueva Europa (inicios del siglo XX)

Aquella mañana, el sol brillaba reluciente entre las calles y jardines de Nueva Europa. Para aquel espíritu que se adentraba en uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad, sin duda, iba a ser una de las jornadas más importantes en su más reciente ciclo de experiencias.

—Adelante, Evelio, mi buen amigo, acomodémonos en esta estancia —expresó el mentor Bernard al tiempo que dibujaba una amplia sonrisa en sus labios—. Aquí he hablado con otros compañeros que como tú, se hallan a la espera de regresar a ese mundo de pruebas que constituye la vida en la esfera terrenal.

—Así es, maestro. Soy consciente de ello y sé que no me resta mucho para dejar este maravilloso lugar donde tanto he aprendido. Lo cierto es que me hallo expectante ante la perspectiva de asumir una nueva misión con nuestros hermanos que viven la experiencia de la carne.

—Desde luego. Antes de entrar en profundidades, quisiera establecer contigo un punto de acuerdo. Por eso, cuanto antes te acostumbres a los avatares de lo que te espera, mejor. A partir de este momento y para que te vayas familiarizando, me referiré a ti con tu nuevo nombre. Que Dios te bendiga, Diego. Así serás conocido durante la nueva etapa que en breve comenzarás en ese planeta al que esta colonia se halla asociada.

—¡Diego! Muy bien, maestro. Mi pensamiento ya ha escuchado esa palabra y desde este instante me hago a la idea de que así seré llamado cuando esté sujeto a las leyes de la materia. Este asunto ya se pone interesante… sobre todo porque cada vez resta menos.

—Así es y así lo intuyes. Esa es la voz que te identificará desde tu “nacimiento” y a la que tus oídos deberán habituarse. Para las almas encarnadas, ese son constituye algo que les marca y que también les distingue de los demás.

—Es evidente —contestó el espíritu ya “distinguido” como Diego.

—Bien. Aguardemos un poco más. Debe estar a punto de llegar a esta reunión un hermano con el que necesariamente habrás de coordinarte. Nada es dejado al azar en esta inmensa empresa que supone la evolución de las criaturas. ¡Ah, mira, ahí llega! Buenos días, Santiago. Me alegro de verte por aquí de nuevo.

Tras los pertinentes saludos entre aquellas entidades…

—Te presento a “Diego” —comentó con entusiasmo el mentor—. Como ves, ya te hemos asignado a tu nuevo compañero de tarea.

—¡Ah, qué gran honor! —manifestó con alegría aquel ser incorporado a la reunión—. Estaba deseando conocerte, amigo. Ansiaba este momento, preludio de una nueva misión para cumplir con lo que nos corresponde.

El buen ambiente que presidía aquel encuentro, presagiaba una feliz sintonía así como los lazos cordiales que se establecerían entre aquellos dos espíritus que al parecer, iban a trabajar desde ese momento juntos.

—Como ya podrás adivinar, Diego, Santiago será tu más firme apoyo en tu período de estancia en la Tierra. Ya sabes que cada criatura encarnada cuenta durante su existencia material con un apoyo del lado espiritual que le resulta fundamental, mas en tu caso, digamos que ese amparo se desenvolverá de un modo “diferente”.

—¿A qué te refieres, maestro? —preguntó Diego—. Lo que me desveles a partir de ahora ya puedo decir que forma parte de la misión.

—Desde luego. Lo habitual es que cada genio protector obre desde la “invisibilidad” con respecto a su tutelado. Esto es comprensible desde el momento que sabemos que la inmensa mayoría de las almas que reencarnan en ese planeta lo hacen para pasar por una serie de pruebas que a menudo, no son más que exámenes a los que se somete el sujeto para que vaya depurando su individualismo, ese gran impedimento que lucha contra las fuerzas del progreso y que es el eje sobre el que gira toda experiencia humana. Veamos, Diego: has permanecido en este nuestro hogar el tiempo suficiente y adecuado, lo que te ha permitido consolidar una serie de conocimientos adelantados. Ante ello, solo puede darte mi más cálida enhorabuena. Ya sabes que el amor todo lo puede, todo lo logra y es la palanca primordial que doblega a ese gran obstáculo denominado egoísmo. Ignorantes y confusos, el Creador desea que todos sus hijos avancen hacia un mismo fin y que no es otro que el conocimiento de la Verdad. Él, que es la Verdad, determinó que solo el amor podría derrotar a ese estado primitivo de inconsciencia con el que todos fuimos lanzados a ese proyecto que es la vida.

—Así es, Bernard —añadió Santiago con convicción—. No existe camino más recto y más seguro que ese que has expuesto.

—Amigo Diego —prosiguió el mentor—, tú, con todas las vicisitudes por las que has pasado a lo largo de siglos y siglos de encarnaciones, eres perfecto conocedor de lo que estoy hablando. Gracias a tu constante esfuerzo y a tu entrega, has conseguido un desarrollo notable en tus habilidades, tanto en el campo del conocimiento como en tu propio desarrollo moral. Es un buen momento, por tanto, para ensalzar aún más tu ruta, no desde la postura del orgullo, sino simplemente como una forma de reconocer tus logros, habida cuenta de que tu nuevo reto servirá para consolidar tu aprendizaje y servir de estímulo a futuras misiones. Como ves, la evolución no se detiene y a todos nos corresponde invertir nuestros esfuerzos en objetivos que la refuercen. Mi buen hermano, tú has llegado a ese punto en el que paulatinamente, el ego va desapareciendo y el corazón que habita en ti, anhela más y más desafíos con los que consolidar el nivel alcanzado. Se trata de ese impulso que nace en ti y que te permite acercarte, cada vez más, a la luz del progreso. Bien, Santiago, toma ahora tú el turno de la intervención. Has estudiado los detalles de la misión, por lo que te hallas capacitado para ofrecerle a Diego más pormenores del nuevo trabajo.

…continuará…

 

 

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